
23 SEPT, 2025
Por Leticia Rial de RankiaPro

La renta fija encara la recta final del año con señales mixtas: mientras la inflación se modera en Europa, en Estados Unidos persisten las presiones al alza y el mercado laboral sigue siendo la variable clave para calibrar la solidez del ciclo.
En este contexto, Fatima Luis, Senior Portfolio Manager de la gestora Mirabaud AM, analiza los riesgos y oportunidades para los inversores en deuda soberana, crédito corporativo y emergentes. Su visión es clara: mantener un enfoque flexible, priorizar la calidad y aprovechar el carry, sin caer en la complacencia que hoy impregna a los mercados.
En la primera mitad del año, los aranceles impuestos por EE. UU. dominaron la narrativa de mercado y las expectativas apuntaban a que la dinámica del comercio global sufriría repercusiones serias. A los mercados no les gusta la incertidumbre, y la amenaza constante de nuevos aranceles generó dudas sobre el impacto en el crecimiento global, la inflación y el consumo. En Mirabaud Asset Management nos centramos en indicadores adelantados de crecimiento, como los índices de confianza del consumidor, las solicitudes de desempleo y los índices de gestores de compras. Todos ellos mostraron que la economía subyacente —especialmente la estadounidense— era más sólida de lo previsto, y que la incertidumbre en torno a los aranceles se percibe ahora como manejable.
Sin embargo, es posible que los efectos de los aranceles se hayan absorbido de forma temporal y que se manifiesten con mayor intensidad en la segunda mitad del año. En julio vimos las primeras señales de repunte inflacionista: los precios de producción en EE. UU. empezaron a repuntar, lo que podría indicar que la inflación está filtrándose en la economía. El mercado laboral estadounidense es otra variable crítica, por lo que las cifras de desempleo y contratación serán clave en la segunda mitad del año. Un debilitamiento del mercado laboral podría reabrir el debate sobre la resiliencia del consumo y la capacidad de las empresas de trasladar sus mayores costes. Otro punto ciego, que apenas recibe atención, es la sostenibilidad fiscal del mercado de deuda de EE. UU., un factor que probablemente volverá al primer plano en los próximos meses y que podría pesar de manera significativa sobre la renta fija.
La inflación muestra signos de moderación, pero observamos divergencias entre las principales economías desarrolladas. En la eurozona, la inflación descendió en la primera mitad de 2025, apoyada por la caída de los precios de la energía y la debilidad de la demanda, y todo apunta a que el BCE se siente cómodo manteniendo tipos tras la última bajada de junio. En EE. UU., en cambio, se perciben presiones al alza y señales de que la inflación sigue siendo persistente.
Aun así, el mercado descuenta dos bajadas de tipos por parte de la Fed, con la primera prevista para septiembre. Los mercados de Treasuries podrían estar sobrevalorando este escenario si la inflación continúa mostrando fortaleza.
El escenario central apunta a cierto deterioro del crecimiento en los próximos meses —no lo suficiente para hablar de recesión, pero sí para justificar un aumento moderado de la duración—. Ya hemos incrementado ligeramente la duración en deuda soberana e investment grade, y estaríamos dispuestos a ampliarla en caso de correcciones provocadas por episodios de volatilidad política o comercial.
Los diferenciales del crédito corporativo descuentan un escenario económico casi perfecto y, con unos balances empresariales todavía sólidos, seguimos considerando este segmento como un espacio cómodo en el que estar invertidos. Las rentabilidades son relativamente altas y los cupones representan gran parte del retorno esperado.
En este contexto de valoraciones ajustadas y factores técnicos favorables, mantenemos una visión constructiva aunque cautelosa. De cara al futuro, prevemos que los retornos provendrán principalmente de los cupones y no tanto de la apreciación de precios. El mercado deja poco margen de error y, con valoraciones exigentes, preferimos centrarnos en el carry y la resiliencia, sobre todo en crédito investment grade de alta calidad y en high yield selectivo. La inercia sigue siendo positiva, pero la estacionalidad, los riesgos de inflación persistente y las dudas fiscales —particularmente en EE. UU. y Reino Unido— justifican una postura más conservadora. Nos estamos posicionando con selectividad y flexibilidad, preparados para aprovechar la volatilidad cuando se presente, pero evitando caer en la complacencia a estos niveles.
Seguimos un enfoque disciplinado y ajustado al riesgo que combina un marco flexible de asignación de activos top-down basado en temáticas globales y su relación con los retornos de la renta fija. La gestión de duración y crédito son los motores clave de generación de alfa, apoyados en una rigurosa selección bottom-up de emisores que complementa la visión macro. No tenemos sesgos geográficos ni hacia clases de activo específicas: buscamos invertir en las mejores geografías y segmentos de la renta fija en cada momento oportuno.
Dentro de nuestros fondos de emergentes, estamos identificando oportunidades en deuda local, ya que las tasas reales siguen siendo elevadas en muchas jurisdicciones, con tipos nominales altos y una inflación que se mantiene dentro de los rangos de los bancos centrales.
Además, la expectativa de recortes de tipos por parte de la Reserva Federal, pese al repunte de las expectativas de inflación, está ejerciendo presión sobre el dólar y generando vientos de cola para las divisas emergentes. También estamos aprovechando oportunidades de carry en crédito corporativo emergente a corto plazo.
Los mercados atraviesan una fase “Ricitos de Oro”, con un sentimiento sorprendentemente optimista. Los diferenciales de los bonos corporativos investment grade a nivel global se sitúan en niveles que reflejan un escenario de crecimiento perfecto, cercanos a mínimos históricos. Sin embargo, las rentabilidades siguen siendo atractivas gracias a los tipos de los gobiernos, que se mantienen elevados.
Nuestra expectativa es que la principal fuente de retornos provenga de la caída de los rendimientos de la deuda soberana en la segunda mitad del año, a medida que se moderen las perspectivas de crecimiento.