
11 FEB, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

Te presentamos a Sheila Toledo, analista de fondos externos en Creand Crèdit Andorrà. Con una trayectoria de más de 23 años en el sector financiero, posee una sólida experiencia en gestión, selección de activos, análisis macroeconómico e intermediación financiera. En 2019 se incorporó al grupo Creand como trader y, actualmente, desempeña el cargo de analista financiera y selectora de fondos externos para todo el grupo.
Sheila Toledo es licenciada en Ciencias Empresariales por la Universidad Rovira i Virgili (2003). Cuenta con las certificaciones European Financial Advisor (EFPA), Certified Environmental, Social and Governance Analyst (CESGA) y Certified Artificial Intelligence Business Analyst (CAIBA) por la Fundación de Estudios Financieros.
Llegué al sector financiero por una combinación de curiosidad y vocación analítica: siempre me fascinó cómo la economía “real” y los mercados se conectan, y terminan impactando en decisiones muy concretas de familias y empresas. Empecé en funciones muy pegadas a la operativa y al control —lo que me dio una base sólida— y, con el tiempo, me fui acercando a lo que más disfruto: el análisis macro, la construcción de carteras y la selección de fondos. Me gusta porque mezcla método y criterio, pero también conversación: traducir ideas complejas a decisiones claras y entendibles.
Después de 23 años, puedo decir que el recorrer distintas áreas dentro de una entidad financiera me ha servido para mirar la inversión con una perspectiva muy amplia y práctica: desde mi posición dentro de la gestora que me permitió entender el producto y el riesgo, hasta mi paso por el Front Office que me ayudó a cerrar el círculo manteniendo contacto directo con los mercados y clientes.
Sí, de pequeña me atraía muchísimo el mar y durante años fantaseé con estudiar ciencias marinas. Siempre me ha dado paz estar cerca del agua y me sigue fascinando todo lo que tiene que ver con la vida marina. Con el tiempo descubrí que, en el fondo, esa curiosidad era la misma que me llevó a los mercados: observar, hacerme preguntas, encontrar patrones… y asumir que nunca lo controlas todo al 100%.
Cambié el agua por los mercados, pero la idea es parecida: analizar con cabeza fría y decidir con respeto por el riesgo. Y cuando necesito resetear, vuelvo al mar.
No cambiaría el enfoque general, porque la diversidad de funciones y responsabilidades me ha dado una visión amplia y útil para mi rol actual. En mi carrera profesional he encontrado no solo motivación y nuevos conocimientos, sino que también he encontrado grandes profesionales que me han apoyado y de los cuales he aprendido mucho: personal y profesionalmente.
Es difícil responder con blanco o negro, si volviera a empezar probablemente corregiría algunos errores, pero en esencia no cambiaría nada.
Mis principales aficiones están relacionadas con el deporte, la naturaleza y el descubrimiento: pesca deportiva, vela y montañismo, además de viajar siempre que puedo para conocer lugares y culturas nuevas.
Tengo la suerte de poder combinar mar y montaña, dos entornos que me recargan muchísimo. En Andorra encuentro el equilibrio perfecto para la montaña; y cuando puedo escaparme al Mar Mediterráneo, vuelvo con la cabeza ordenada. La montaña aporta disciplina y constancia; el mar, calma y perspectiva. En ambos casos hay un elemento común que también aplica a la inversión: aprender a gestionar condiciones cambiantes, planificar con antelación y mantener el foco en lo importante. Además, me permiten compartir tiempo de calidad con familia y amigos, algo que valoro especialmente. Al final, es mi forma de “reiniciar” para volver al trabajo con más foco.
Nuestra filosofía es rigurosa y coherente: aplicamos a nuestra selección el mismo nivel de exigencia que pedimos a las gestoras en las que invertimos. Hay criterios irrenunciables: un proceso de inversión claro y repetible, un equipo estable y alineado, control del riesgo demostrado (no solo en backtests), transparencia y una estructura de comisiones razonable frente al valor que aporta. También miramos “capacidad” (que el tamaño no comprometa la estrategia), liquidez y gobernanza.
Lo que sí es más flexible es el encaje dentro del ciclo: en algunos momentos priorizamos estrategias más defensivas o con mayor descorrelación; en otros buscamos más beta o más convexidad. Pero el listón de calidad no cambia: cambia el “para qué” en cartera, no el estándar.
A nivel agregado, nuestro asset allocation es dinámico: lo ajustamos según el entorno. En 2025 hemos puesto mucho énfasis en estrategias flexibles —capaces de adaptarse a distintos regímenes de mercado— porque las valoraciones en varios activos nos parecían exigentes.
En paralelo, hemos reforzado la diversificación buscando fuentes de rentabilidad menos dependientes de la dirección del mercado: más descorrelación, más protección y más control de la volatilidad. La idea es sencilla: no “adivinar” el próximo movimiento, sino construir carteras que aguanten bien distintos escenarios.
Con tanto ruido informativo, para mí destacan tres cualidades:
En el fondo, un buen selector no busca tener razón siempre, busca equivocarse poco y corregir rápido.
Si tuvieras que explicar tu ventaja en una frase, ¿cuál sería?
Hacer una predicción cerrada para 2026 es complicado, pero mi escenario central combina tres elementos:
En este entorno, creo que “no todo vale”: las valoraciones importan más y la selección —de activos y de gestores— se vuelve clave. Más que buscar un único gran tema, la prioridad es construir carteras robustas y bien diversificadas.
Creo que la próxima década estará marcada por la inteligencia artificial, pero no solo como “software”, también por todo lo que exige alrededor. Hablo de capacidad de cómputo, semiconductores, centros de datos, ciberseguridad y, muy importante, energía e infraestructuras para alimentar esa demanda.
Además, creo que veremos una década marcada por más inversión en seguridad (incluyendo resiliencia de cadenas de suministro) y una evolución hacia una sostenibilidad basada en métricas, con foco en eficiencia, electrificación y adaptación. En este marco, es previsible una mayor dispersión de resultados entre sectores y compañías, lo que refuerza la importancia del análisis fundamental y del control del riesgo en la construcción de carteras. La clave será identificar qué compañías y sectores convierten estas megatendencias o ventajas competitivas en beneficios reales, evitando narrativas demasiado perfectas o valoraciones que ya descuentan escenarios ideales.
Me veo consolidando una trayectoria de largo plazo en el ámbito de inversión y selección, contribuyendo a elevar los estándares de análisis y seguimiento. Me gustaría participar activamente en el desarrollo de procesos más robustos y eficientes, incorporando herramientas y tecnología cuando aporten valor, pero manteniendo siempre el criterio humano como eje central.
Si dentro de diez años puedo decir que he contribuido a tomar decisiones más consistentes, que hemos evitado “modas” costosas y que he ayudado a que el equipo crezca, me daré por satisfecha. Y, ojalá, manteniendo tiempo para el mar y la montaña.