
2 DIC, 2025
Por Leticia Rial de RankiaPro

El capital riesgo en España ha vivido su gran década. El informe de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) sobre la evolución de las entidades de capital riesgo (ECR) entre 2013 y 2024 muestra un crecimiento continuado en todas las magnitudes clave del sector. En 2024, el capital riesgo supervisado alcanzó los 1.256 vehículos —entre ECR y otras entidades de inversión colectiva cerradas—, cuadruplicando la cifra de 2013 y creciendo un 17,5% respecto al año anterior.
El salto no es solo en número de entidades. El patrimonio gestionado ascendió a 47.859 millones de euros a cierre de 2024, también cuatro veces por encima del nivel de 2013. Esa expansión se refleja en una mayor relevancia macroeconómica: el peso del patrimonio del capital riesgo sobre el PIB pasó del 0,85% al 3,01% en el periodo. La CNMV vincula este avance a la creciente necesidad de financiación de proyectos intensivos en capital —tecnología, digitalización, inteligencia artificial o energías renovables—, sectores donde el crédito bancario suele ser menos competitivo y la bolsa no siempre es una alternativa realista para empresas en crecimiento.
Parte del boom se explica por la creación de nuevos vehículos. Más de la mitad de las entidades activas en 2024 se dieron de alta en los tres años anteriores, lo que muestra una clara aceleración del sector tras la pandemia. Sin embargo, el regulador subraya que la industria sigue siendo concentrada.
El tamaño medio de las ECR se situó en 38 millones en 2024, pero la distribución es desigual: solo 17 entidades concentran el 26% del patrimonio total. Cuatro de ellas superan los 1.000 millones de euros y una roza los 1.700 millones. El resultado es un ecosistema donde conviven una base muy amplia de fondos pequeños con un núcleo reducido de grandes vehículos capaces de liderar operaciones de mayor tamaño.
El crecimiento viene acompañado de un cambio en el perfil de inversión. La CNMV detecta un desplazamiento gradual desde el venture capital hacia inversiones en compañías más consolidadas, es decir, un aumento del peso del private equity.
Este giro se aprecia en los importes de la cartera. Las inversiones pequeñas, de 0 a 10 millones de euros, siguen representando aproximadamente la mitad del total, pero el segmento de más de 100 millones ha repuntado con fuerza desde 2021 hasta alcanzar el 9% de la cartera en 2024. Con todo, el sesgo hacia tickets medios se mantiene: el 86% de la cartera está por debajo de 50 millones. En la práctica, el capital riesgo español combina su histórico papel en financiación de startups con una presencia creciente en operaciones de escala y madurez empresarial.
La evolución del sector también se observa en su orientación sectorial. La radiografía de 2024 sitúa como principal destino a “suministros de energía y agua”, que concentra el 29,2% del valor de inversión analizado. Le sigue “financiera y seguros”, con el 21,2%.
Entre las 25 mayores participaciones en cartera, energía y agua lidera igualmente (31%), por delante de información y comunicación (29%) y transporte (12%). Esto apunta a una industria que ya no se limita a tecnología emergente, sino que participa en activos estratégicos y sectores de infraestructura, donde el tamaño de las operaciones y la estabilidad de flujos son más propios del private equity que del venture capital clásico.
El número de inversores en ECR en España se multiplicó por diez entre 2013 y 2024, hasta alcanzar los 90.993. Pese al aumento, los fondos siguen mostrando una estructura de “pocos socios”: el número medio de inversores por entidad pasó de 35 a 81, pero casi el 39% de los vehículos tiene menos de siete inversores y un 23% opera con uno solo.
Más relevante aún es el cambio en la composición de esa base inversora. Las entidades financieras, que al inicio del periodo dominaban el capital riesgo, han reducido su peso hasta el 11% en 2024. En sentido opuesto, las entidades no financieras han escalado hasta el 26%, y las personas físicas han crecido progresivamente hasta representar el 14%. Ni siquiera la Ley 18/2022 —que rebajó el umbral mínimo para minoristas— ha provocado un aumento adicional visible de esta cuota, que se ha estabilizado en los últimos años.
El sector público mantiene un papel relevante, aunque fluctuante: alcanzó un máximo del 15% en 2015, bajó al 8% en 2023 y repuntó al 11% en 2024, apoyado en iniciativas como Fond-ICO Global o Next Tech.
La rentabilidad del capital riesgo, según la CNMV, ha sido volátil. Hubo ejercicios negativos como 2013 y picos extraordinarios como 2018, impulsados por grandes desinversiones. Pero el balance medio es claramente positivo en los fondos con suficiente track record.
Las ECR con más de tres años registraron una rentabilidad media del 10,2% en el periodo, frente al 1,2% de las más jóvenes. La diferencia se explica por la fase de arranque: los fondos pequeños soportan costes fijos sobre un patrimonio limitado y requieren tiempo para que las inversiones maduren y empiecen a aportar retornos.
Un aspecto clave del informe es la estabilidad financiera del sector. El capital riesgo español crece con un endeudamiento bajo: en los últimos cinco años, el apalancamiento se movió entre el 5,1% y el 8,8% de su patrimonio, cerrando 2024 en el 5,3%.
Además, el sector conserva un colchón cómodo para nuevas inversiones. El patrimonio comprometido y aún no exigido (27.968 millones de euros) supera las inversiones futuras comprometidas (20.068 millones), y la exposición por derivados es prácticamente marginal (1,1%). En otras palabras, existe liquidez disponible para seguir invirtiendo sin elevar significativamente el riesgo financiero.
La conclusión que se desprende del análisis del supervisor es clara: el capital riesgo se ha consolidado como una pieza estructural de la financiación empresarial en España. Su mayor tamaño lo acerca a la escala europea, su foco se desplaza hacia compañías en fases maduras y su aumento no se ha apoyado en deuda, por lo que el riesgo sistémico es, de momento, contenido.
La próxima década pondrá a prueba la capacidad de sostener este crecimiento en un entorno de mayor competencia global, tipos de interés menos benignos y un mercado que exige vehículos más especializados. Pero la base ya está construida: España cuenta hoy con una industria de capital riesgo significativamente más grande, más diversa y más influyente que hace diez años.