
14 ABR, 2026
Por RankiaPro

En abril de 2025, el presidente Trump bautizó como “Día de la Liberación” una jornada clave. La administración anunció el mayor aumento arancelario desde la Ley Arancelaria Smoot-Hawley. Hoy, el panorama económico global ofrece una visión más clara de cómo las tensiones comerciales y las políticas arancelarias han reconfigurado —aunque no descarrilado— los mercados financieros y el comercio internacional. Aunque el aniversario invita a la reflexión, el tema dominante no es la disrupción, sino la adaptación.
Según Romain Aumond, estratega cuantitativo en Natixis IM Solutions, los temores iniciales en torno a los aranceles no se han materializado plenamente en el comportamiento de los mercados. Como señala, queda claro que los aranceles han tenido un impacto limitado en los mercados financieros […] Los mercados han aprendido a adaptarse al tono y a la ruidosa comunicación económica de la administración estadounidense. Esta resiliencia pone de relieve una tendencia más amplia: los inversores están cada vez más insensibilizados a la retórica política, centrándose en cambio en los fundamentos económicos subyacentes.
De hecho, el comercio global ha demostrado ser más robusto de lo esperado. Aumond subraya que el comercio global, medido en volumen, no se ha visto afectado negativamente y ha seguido creciendo durante el año, revelando ganadores y perdedores en un proceso gradual de reconfiguración. Más que una contracción, el último año ha traído consigo una redistribución de los flujos comerciales, señalando un cambio estructural más que una desaceleración cíclica.
En el centro de esta transformación se encuentra el creciente dominio de Asia. Los datos del comercio global ponen de manifiesto un nuevo equilibrio, en el que Asia —tanto economías desarrolladas como emergentes— junto con China, está impulsando la dinámica global de exportaciones, explica Aumond. Esto supone una evolución significativa en la economía mundial, ya que las potencias exportadoras tradicionales, especialmente en Europa, se enfrentan a una competencia creciente y a una pérdida relativa de influencia.
Este reequilibrio también ha contribuido a efectos macroeconómicos más amplios. El aumento del exceso de capacidad global —especialmente en el sector manufacturero— ha introducido lo que Aumond describe como una fuerza desinflacionaria en la economía global, al menos antes de los recientes acontecimientos geopolíticos en Oriente Medio. Mientras tanto, los patrones de demanda refuerzan este cambio: las importaciones globales han sido impulsadas principalmente por Asia y Estados Unidos, lo que señala dónde el consumo sigue siendo más sólido.
Para los inversores, el mensaje es claro. El último año no solo ha confirmado la resiliencia de los mercados globales, sino que también ha puesto de relieve la importancia de comprender los cambios estructurales. Como concluye Aumond, los inversores deberían tomar nota de esta reconfiguración del comercio.
Un año después del “Día de la Liberación”, la economía global no se ha fracturado: ha evolucionado. Y quienes mejor posicionados estén para navegar este nuevo paradigma serán aquellos que comprendan que las reglas del comercio no se están rompiendo, sino reescribiendo.