
18 DIC, 2024

Autor: Julian Marx, analista de investigación en Flossbach von Storch
Lo han vuelto a hacer: los miembros del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) recortan los tipos de interés oficiales por cuarta vez este año. Una vez más, el tipo de la facilidad de depósito baja 25 puntos básicos, hasta situarse en el 3,0 %. Según François Villeroy de Galhau, presidente de la Banque de France, es probable que esta bajada de tipos no sea más que una medida provisional, en parte porque ya se vislumbra la victoria contra la inflación en Europa. Además, cree que los riesgos a la baja para el crecimiento y la inflación son cada vez mayores.
Esta valoración se refleja también en las proyecciones de diciembre recién publicadas, elaboradas conjuntamente por los expertos del Eurosistema y del BCE. Las proyecciones siguen sin dibujar un panorama eufórico del estado de la economía en la eurozona. Para el próximo año, los expertos esperan un modesto crecimiento del 1,1 % en la zona euro. Con ello, la estimación de crecimiento para 2025 se ha revisado ligeramente a la baja en las tres últimas proyecciones.
Como las perspectivas de crecimiento siguen siendo poco halagüeñas, se afianza la impresión de que las tasas de inflación retrocederán hasta el objetivo fijado del 2% a lo largo del próximo año. Según los cálculos de los expertos del BCE, se espera que la inflación se sitúe en una media del 2,1 % en 2025 y que la inflación subyacente ascienda de media al 2,3 % el año que viene.
En suma, la preocupación que suscita la persistencia de unas tasas de inflación (demasiado) altas sigue remitiendo. Al mismo tiempo, cada vez está cobrando más peso en el discurso del BCE la posibilidad de que la inflación se quede corta, como ha subrayado recientemente Philip Lane, economista jefe del BCE: «No conviene que la política monetaria sea demasiado restrictiva durante demasiado tiempo. De lo contrario, la economía no crecerá lo suficiente y la inflación caerá, en mi opinión, por debajo del objetivo».
Así pues, si no se producen cambios notables en el clima general, la próxima hoja de ruta de la política monetaria está trazada a grandes rasgos: no hay duda de que se prevén nuevos recortes de los tipos de interés. Sin embargo, el Consejo de Gobierno del BCE sigue teniendo que hacer frente a una serie de retos en el actual ciclo de bajada de los tipos.
Un motivo de preocupación es el nivel todavía elevado de la inflación de los servicios, lo que significa que una parte importante de la desinflación aún está por llegar. En noviembre, los precios de los servicios siguieron subiendo con fuerza (un 3,9 %). En este contexto, la atención sigue centrada en el elevado crecimiento salarial, que se aceleró en el tercer trimestre de 2024 hasta alcanzar el 5,4 %, la cifra más alta desde la creación de la eurozona.
A este «récord salarial» contribuyó en gran medida el excepcional aumento de los salarios por convenio en Alemania, del 8,8 %, que se explica sobre todo por las sustanciales primas extraordinarias de compensación por inflación. Así pues, en vista de que la inflación interna continúa siendo pronunciada, parece prematuro dar por superados los riesgos al alza de la inflación (salarial).
Aun así, es alentador, por ejemplo, que las últimas negociaciones salariales de la industria metalúrgica y eléctrica en Alemania muestren una tendencia más moderada por lo que respecta al crecimiento salarial. El resultado de la negociación piloto de IG Metall prevé un aumento de los salarios mensuales del 2,0 % a partir de abril de 2025 y de otro 3,1 % a partir de abril de 2026.
Además del continuo aumento de la inflación interna, el BCE se enfrenta a otro escollo: tras cuatro recortes de los tipos de interés, y en vista de que las tasas de inflación siguen ligeramente por encima del objetivo del 2 %, se plantea la duda de a qué ritmo y hasta qué punto puede relajarse el carácter restrictivo de la política monetaria.
Isabel Schnabel, miembro del Consejo de Gobierno, es partidaria de proceder de manera muy gradual.
Hace poco subrayó el hecho de que la política monetaria se acerca a «territorio neutral», en el que no tiene un efecto ni estimulante ni restrictivo. En su valoración, Schnabel hizo referencia, entre otras cosas, a la última encuesta sobre préstamos en la eurozona, en la que casi todos los bancos declararon que la demanda de crédito ya no se ve influida por el nivel general de los tipos de interés. Se trata de una gran diferencia con respecto al año anterior, cuando casi la mitad de los bancos de la zona euro declararon que los tipos de interés lastraban la demanda de crédito. También se ha observado un incremento de la demanda de hipotecas.
Por definición, no es posible determinar de forma concluyente dónde se sitúa el nivel neutro de los tipos de interés básicos. La propia Schnabel lo situaría entre el 2 % y el 3 %. Pero es precisamente esta incertidumbre la que aconseja actuar con prudencia y de forma progresiva a la hora de llevar a cabo futuros recortes de los tipos de interés. En la misma línea se encuentra el presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, que opina que una política monetaria expansiva solo estaría justificada si aumentara significativamente el riesgo de que la inflación caiga por debajo del objetivo.
Los elevados precios de los servicios apuntan a que la lucha contra las tasas de inflación excesivas en la eurozona aún no ha concluido. Al mismo tiempo, las débiles perspectivas de crecimiento y los recientes acuerdos salariales, que vuelven a ser más moderados, indican que los riesgos de inflación a medio plazo se están moviendo a la baja en la zona euro. Así pues, aunque las sombrías perspectivas aconsejan una relajación del carácter restrictivo de la política monetaria, el actual panorama inflacionario sigue reclamando la necesidad de actuar con tiento.
Esto significa que es probable que los guardianes de la moneda única se mantengan fieles a sí mismos en el nuevo año y sigan actuando en función de los datos con el terreno neutral en su punto de mira.