
24 JUL, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

El BCE decidió este jueves 23 de julio mantener sin cambios sus tipos de interés oficiales, una decisión ampliamente esperada por el mercado tras la subida aplicada en junio. Sin embargo, el trasfondo de la reunión dista de ser tranquilo: el repunte de los precios de la energía, alimentado por el recrudecimiento del conflicto entre EE.UU. e Irán, ha vuelto a colocar el riesgo inflacionista en el centro del debate.
Los analistas coinciden en que la pausa de hoy no equivale a que el ciclo de subidas haya terminado, y que septiembre podría traer una nueva decisión sobre los tipos de interés.
Madison Faller, estratega de inversiones globales de J.P. Morgan Private Bank, considera que la pausa de hoy debe entenderse como "mantener el pie suspendido sobre el freno", no como una señal de relajación. Faller recuerda que el BCE fue de los primeros bancos centrales en subir tipos este año ante las presiones inflacionistas, y que ese mismo instinto de anticiparse al riesgo sigue vigente.
Sandra Rhouma, vicepresidenta y economista europea de renta fija de AllianceBernstein, confirma que el Consejo de Gobierno mantuvo los tipos oficiales sin cambios tal y como esperaba ampliamente el mercado, y subraya que la institución sigue dependiendo de los datos, sin comprometerse con una trayectoria predefinida. Para Tina Fong, economista y estratega de Schroders, los datos de inflación de junio han supuesto "un respiro bienvenido", aunque insuficientes para que el organismo dé la batalla por ganada.
El foco de todos los análisis se sitúa en la energía. Rhouma detalla que los precios del petróleo han subido cerca de un 40% desde comienzos de mes, situándose ya por encima del supuesto que maneja el escenario base del BCE, mientras que el gas europeo ha repuntado cerca de un 50% desde julio. Esto sitúa a la eurozona en el escenario adverso contemplado por la propia institución.
Conor Parle, economista para la eurozona de Fidelity International, añade matices: más allá del petróleo, los precios del gas ya venían subiendo antes de la escalada bélica, empujados por la necesidad de reponer reservas de cara al invierno y por el aumento de las importaciones chinas. Fong coincide en que el recrudecimiento de Oriente Medio ha vuelto a impulsar al alza el crudo, elevando el riesgo de una inflación más persistente. Ulrike Kastens, economista sénior de DWS, va más allá y advierte de que el impacto inflacionario total del shock energético aún no se ha trasladado por completo a los precios, por lo que los riesgos siguen inclinados al alza.
El consenso entre las cinco gestoras apunta a una subida en la próxima reunión, aunque con matices en la magnitud. Parle prevé que, una vez el BCE actualice sus previsiones en septiembre, estará en posición cómoda para subir los tipos otros 25 puntos básicos, alcanzando el extremo superior de su rango neutral. Fong espera igualmente una subida del 0,25%, apoyándose además en la resiliencia de la eurozona y en el impulso adicional que aportará el paquete de estímulos fiscales de Alemania.
Kastens es la más concreta en las cifras: su casa espera una nueva subida hasta el 2,50% en septiembre, basándose en las proyecciones del propio personal técnico del BCE. Rhouma coincide en que, tras la reescalada del conflicto entre EE.UU. e Irán y el encarecimiento energético, una subida en septiembre sigue siendo el escenario base de AllianceBernstein. Faller es la voz más cauta del grupo: aunque no descarta la subida, subraya que el listón para actuar se sitúa cada vez más alto, condicionado a que los precios de la energía bajen con rapidez.
Uno de los puntos que más tranquiliza a los analistas es la ausencia, por ahora, de contagio salarial. Rhouma recoge la respuesta de la presidenta del BCE, Christine Lagarde, en rueda de prensa: "¿Efectos de segunda ronda? No los estamos observando". Los indicadores de encuesta apuntan a una desaceleración continuada del crecimiento salarial, el principal canal de transmisión de este tipo de efectos.
Kastens confirma que el banco central no anticipa actualmente efectos de segunda ronda significativos derivados de los salarios, y que la mayoría de indicadores de expectativas de inflación se mantienen en torno al objetivo del 2%. Kastens añade que la decisión de mantener los tipos fue unánime, aunque algunos miembros del Consejo habían contemplado una subida; Lagarde insistió en que esto no implica un compromiso previo con septiembre, ya que antes se publicará una amplia batería de datos económicos.
Más allá de la decisión táctica de septiembre, Rhouma ofrece la lectura estratégica más completa: la inflación general debería regresar al objetivo del BCE hacia finales de 2027, a medida que las presiones subyacentes se sigan moderando. Esta trayectoria abriría la puerta a recortes de tipos hasta un nivel neutral durante la segunda mitad de 2027, una vez completado el ajuste actual.
El mensaje conjunto de las cinco firmas es claro: la pausa de julio es un compás de espera condicionado por la energía, no un punto final. La combinación de resiliencia económica, ausencia de contagio salarial y riesgos geopolíticos abiertos deja a septiembre como la cita clave para saber si el BCE retoma las subidas o prolonga la pausa.