
29 SEPT, 2026
Por RankiaPro

A pocas semanas de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos (midterms), la pregunta que se hacen los gestores es siempre la misma: ¿puede este voto cambiar de verdad la trayectoria de los mercados? El 3 de noviembre se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 del Senado, en un momento en el que los votantes se muestran cada vez más descontentos con la economía y la gasolina sigue cerca de sus máximos del año, en 4,48 dólares por galón.
Para los inversores, la partida se juega en tres frentes: la solidez de las cuentas públicas, el nivel de los rendimientos a largo plazo y la capacidad de la Casa Blanca para sacar adelante su agenda. Las principales gestoras coinciden en un escenario de gobierno dividido, pero difieren a la hora de valorar cuánto debe pesar en las decisiones de cartera.
Actualmente, los republicanos cuentan con una mayoría de 3 escaños en la Cámara de Representantes y de 4 en el Senado. Desde la Segunda Guerra Mundial, el partido en la oposición ha ganado de media 26 escaños en la Cámara y 4 en el Senado en las elecciones de mitad de mandato. Según Libby Cantrill, Head of Public Policy de PIMCO, a los demócratas les bastaría un resultado discreto para hacerse con la Cámara, mientras que para el Senado “necesitarían una noche electoral perfecta”.
Las señales apuntan en esa dirección: los demócratas van por delante en 8 de las 9 contiendas competitivas por el Senado, el sondeo genérico al Congreso (Generic Ballot) les otorga una ventaja de 8,1 puntos y la aprobación de Trump se sitúa en el 39%-40%. No obstante, Cantrill advierte de que, a medida que se acerca la cita con las urnas, los votantes tienden a realinearse con su propio partido.
La clave, sin embargo, está en otro lugar: Trump conservará el derecho de veto y la mayoría de las leyes requieren 60 votos en el Senado. Para Valentin Bissat, Chief Economist and Senior Strategist de Mirabaud Asset Management, el comercio, la inmigración y la relación con China dependen cada vez más de la autoridad presidencial, hasta el punto de que “el ruido de fondo de la política probablemente contará más que cualquier cambio real de rumbo en las políticas”.
En la misma línea se expresa Gil Fortgang, Washington Associate Analyst de T. Rowe Price: “es improbable que los resultados de las elecciones de mitad de mandato provoquen un cambio radical en la orientación de las políticas”.
Todos los análisis coinciden en un punto: el déficit no se corregirá, gane quien gane. Cantrill (PIMCO) recuerda que alrededor del 75% del gasto público es, en la práctica, automático y considera “probable que el gasto público siga aumentando en ambos escenarios electorales”. Bissat (Mirabaud) estima déficits cercanos a 2 billones de dólares anuales en los próximos dos años.
La consecuencia recae sobre el tramo largo de la curva. Para Tim Murray, Capital Markets Strategist de T. Rowe Price, un gobierno dividido reduciría la incertidumbre política, pero “los elevados déficits federales exigirán un recurso considerable y continuado a la emisión de bonos del Tesoro”, lo que presionará al alza los rendimientos. A ello se suma el techo de deuda de 41,1 billones de dólares, que según Fortgang (T. Rowe Price) se alcanzará en 2027.
Ni siquiera la Fed puede resolver el problema. Para Bissat (Mirabaud), el presidente Kevin Warsh puede anclar las expectativas de inflación, pero “la política monetaria no puede compensar un desequilibrio fiscal estructural sin poner en riesgo la independencia o la credibilidad de la Fed”. Para estabilizar la deuda haría falta un aumento del 25% de los ingresos o un recorte del 20% del gasto cada año.
El resultado electoral afecta además a la gobernanza del banco central: para Cantrill (PIMCO), la confirmación de “miembros de la Reserva Federal podría volverse más difícil, si no imposible, si los nombramientos resultaran controvertidos”.
En el frente de divisas, el escenario central es constructivo para el dólar, pero menos para el oro. Murray (T. Rowe Price) sostiene que un gobierno dividido “podría favorecer al dólar estadounidense, pero pesar sobre los metales preciosos, dado el nivel de riesgo político que ya descuentan los precios”. Por el contrario, “una clara victoria republicana podría pesar sobre el dólar estadounidense” y sobre la renta fija, al alimentar las expectativas de inflación.
En renta variable prevalece la continuidad. Matthew J. Bartolini, Global Head of Research de State Street Investment Management, recuerda que, históricamente, las acciones estadounidenses han registrado con más frecuencia rentabilidades positivas tras las elecciones de mitad de mandato: “la cita electoral por sí sola podría no justificar un giro amplio hacia la liquidez”. Al mismo tiempo, advierte de que los bonos “podrían dejar de ser el instrumento de diversificación fiable que eran en el anterior régimen desinflacionista”.
Sobre el sector financiero, Bartolini (State Street) es explícito: “la principal consecuencia de un gobierno dividido podría ser la continuidad”, porque buena parte de la regulación recae en la Fed, la FDIC y la SEC. En el segundo trimestre, el 99% de las compañías financieras alcanzó o superó las expectativas, con un crecimiento del beneficio por acción del 21%.
La energía ofrece un panorama con más matices: +41% en el último año frente al +21% del S&P 500, aunque el consenso prevé una caída de beneficios del 11% en 2027 tras el +77% de 2026. Según Bartolini (State Street), un Congreso dividido frenaría una mayor desregulación de los combustibles fósiles, lo que favorecería a renovables, redes eléctricas y utilities.
La inteligencia artificial sigue siendo una prioridad estratégica para ambos partidos. Fortgang (T. Rowe Price) señala que las restricciones estatales a los centros de datos podrían afectar a algunas utilities y empresas de ingeniería, pero que “es probable que los proyectos de centros de datos se desplacen hacia estados con un marco regulatorio más favorable”.
Las elecciones de mitad de mandato de 2026 en EE. UU. corren el riesgo de sobrevalorarse como evento e infravalorarse como señal. Un gobierno dividido no reescribe el régimen macro: aranceles, geopolítica y déficit siguen en su sitio. El verdadero riesgo pasa por la curva de los bonos del Tesoro porque, como resume Bissat (Mirabaud), “el reto que tiene por delante el mercado de bonos es fundamentalmente de naturaleza fiscal, no monetaria”.
Más que apostar por el resultado, conviene cuidar la duración y la diversificación por clases de activos.
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