
Actualizado:
6 JUN, 2025
Por Leticia Rial de RankiaPro

Países Bajos, siglos XVI-XVII. En una época en la que invertir estaba reservado exclusivamente para los más ricos e instituciones financieras, una idea revolucionaria estaba a punto de cambiar el curso de la historia económica. En este artículo exploramos el nacimiento del primer fondo de inversión de la historia y cómo este instrumento financiero abrió las puertas de las inversiones a individuos de todas las clases sociales.
Esta pregunta provoca un debate entre los historiadores. Por un lado, están aquellos que creen que la idea fue del rey Guillermo I de los Países Bajos, que creó las Sociedades de Inversión de Capital Fijo (SICAF). Por otro lado, están aquellos que piensan que la idea original en la que se basó el monarca fue del comerciante holandés Abraham Van Ketwich, que años antes había creado el Eendragt Maak Magt.
En 1822 el rey Guillermo I creó en los Países Bajos las Sociedades de Inversión de Capital Fijo, una forma primitiva de fondos de inversión cuyo objetivo era promover el desarrollo económico del país.
Estas sociedades emitían acciones que los inversores, públicos y privados, podían comprar. El dinero recaudado se utilizaba para financiar puertos, canales, carreteras y otras infraestructuras, para estimular la economía nacional. A cambio, los accionistas recibían dividendos, cuyo importe dependía de los beneficios generados por sus inversiones.
Pero, ¿fue realmente idea de Guillermo I? Según muchos expertos, el monarca podría haberse inspirado en un fondo fiduciario llamado Eendragt Maakt Magt (La unión hace la fuerza), lanzado en 1774 por el comerciante holandés Abraham Van Ketwich.
Van Ketwich, testigo del crack bursátil provocado por la quiebra de la Compañía Británica de las Indias Orientales, decidió establecer un fideicomiso para permitir a los pequeños inversores comprar deudas de diferentes empresas, diversificando así sus inversiones y mitigando los riesgos. Van Ketwich actuaba como gestor del fondo, mientras que los encargados de la negociación eran Frans Jacob Heshuysen y Dirk Bas Backer, quienes supervisaban las políticas de inversión.
Actualmente, una copia del folleto del Eendragt Maakt y el certificado de participaciones se conservan en los archivos del municipio de Ámsterdam. Gracias a estos documentos, sabemos que el fondo promovía la continua diversificación de la cartera, con las 2.000 participaciones divididas en 20 clases, cada una con un capital invertido en una cartera de 50 bonos y compuesta por al menos 20-25 títulos diferentes. La cartera estaba dividida en “clases”, cada una representada por 100 certificados de participación al portador, con un valor nominal de 500 florines.
Además, los documentos indican que a los inversores se les garantizaba un dividendo del 4%, sujeto a cambios en función del rendimiento anual de las inversiones de la cartera. Con un número fijo de participaciones (2.000), el Eendragt Maakt sería hoy clasificado como un fondo de inversión cerrado.
Sin embargo, el estallido de la guerra con Inglaterra provocó el impago de los bonos de la época, causando un impacto considerable en los ingresos del Eendargt Maak Magt. Al cabo de unos años, Van Ketwich se vio obligado a reducir el importe de los dividendos y, a finales del siglo XVIII, el fondo desapareció del registro de la bolsa de Ámsterdam, con los precios de las acciones disponibles solo en subastas privadas irregulares. Finalmente, el fondo fue liquidado en 1824.
Después de estas primeras experiencias de vehículos de inversión colectiva, no fue hasta 1868 que apareció el primer fondo de inversión regulado en Londres: el Foreign and Colonial Government Trust.
Sin embargo, el primer fondo de inversión abierto plenamente equiparable a los fondos actuales no apareció hasta 1924, cuando MFS lanzó el Massachusetts Investors Trust, un fondo aún activo en la actualidad.