
16 JUN, 2026
Por RankiaPro

La economía espacial ha entrado en el radar de los inversores gracias a un evento aislado: la cotización de SpaceX, la salida a bolsa más grande de la historia. Pero reducir el sector a una sola empresa novel sería un error de perspectiva. Detrás de la atención mediática hay una industria madura, diversificada y en crecimiento estructural que abarca telecomunicaciones, defensa, observación de la Tierra y semiconductores.
Para aquellos que construyen carteras, la pregunta relevante no es si comprar SpaceX, sino cómo obtener una exposición sensata a una cadena amplia y heterogénea. Los efectos técnicos de estas empresas en los índices ya los hemos analizado en el contexto de las mega OPV 2026. Aquí, cambiamos la mirada a la industria que hay debajo: cuánto vale, cómo está estructurada, dónde están las oportunidades y qué riesgos esconde.
El sector ha alcanzado un valor récord de 613 mil millones de dólares en 2024, con un crecimiento del 7,8% anual según el Space Report de la Space Foundation (julio 2025). El componente comercial representa el 78% del total, el gubernamental el 22% restante, con los Estados Unidos liderando el gasto público con unos 77 mil millones.
Las proyecciones a largo plazo son lo que atrae al capital. El Foro Económico Mundial, junto con McKinsey, estima que la economía espacial podría alcanzar 1.800 mil millones de dólares para 2035, partiendo de 630 mil millones en 2023, con un crecimiento medio anual del 9%, casi el doble del PIB global. El umbral del billón podría caer ya entre 2032 y 2034. A estas dimensiones, el sector competiría con la industria de los semiconductores.
Entender dónde se genera el valor es el primer paso para invertir con criterio. La cadena de valor se articula en tres niveles: el upstream (lanzadores, producción de satélites, propulsión), el midstream (operadores satelitales en órbita baja, media y geoestacionaria) y el downstream (conectividad, observación de la Tierra, navegación, defensa). La caída de los costes de lanzamiento y la difusión de las mega-constelaciones han hecho accesibles segmentos hasta ahora marginales, multiplicando los modelos de negocio sostenibles.
El dato más relevante para un selector se halla en la composición del crecimiento futuro. Según el Foro Económico Mundial, más del 60% de la expansión esperada para 2035 vendrá de sectores no espaciales: cadena de suministro, alimentación, defensa, retail y telecomunicaciones que integran servicios habilitados por el espacio. Los servicios de "alcance" (reach) superarán los 1.000 billones, frente a los 755 billones de la componente infraestructural. La exposición más amplia, por lo tanto, no viene solo de los cohetes, sino de las aplicaciones en tierra.
Una vez mapeada la cadena de valor, quedan los vehículos concretos. Aquí es donde las lecturas de los gestores divergen por geografía. Rahul Bhushan, Global Head of Index de ARK Invest Europe, interpreta el sector a través del prisma de la política estadounidense y del gasto en defensa.
Bhushan identifica en el aumento del presupuesto estadounidense para los satélites en órbita baja, que ha subido de 900 millones a 13 mil millones de dólares hasta 2028, un catalizador estructural: "Estos desarrollos representan una oportunidad significativa para las empresas que innovan en tecnología satelital, sistemas de lanzamiento y análisis espacial." Entre los nombres mencionados se encuentran Iridium Communications, Rocket Lab y Palantir, expuestos a contratos gubernamentales y de seguridad nacional.
La lectura europea es opuesta y complementaria. Tom O'Hara, Investment Director European Equities de GAM, ve valor justo donde el mercado no mira: "Europa ha construido silenciosamente un ecosistema espacial estratégico que abarca desde lanzadores hasta satélites, desde semiconductores hasta infraestructuras de comunicación; sin embargo, creemos que muchas de estas empresas siguen siendo infravaloradas dentro de grupos industriales y de defensa más amplios." O'Hara cita a Avio, STMicroelectronics y la fusión espacial entre Airbus, Leonardo y Thales, con alrededor de 6,5 mil millones de euros en ingresos.
La brecha de valoración es clara: Avio se negocia a aproximadamente 2,6x EV/ventas estimadas para 2027, en comparación con el 70,4x de Rocket Lab, el primer componente del ETF VanEck. Sobre operadores como SES y Eutelsat, O'Hara sostiene que pueden ser considerados "cada vez más como activos de infraestructura estratégicos en lugar de como empresas tradicionales de telecomunicaciones", gracias a su papel en la soberanía de las comunicaciones europeas.
El entusiasmo oculta riesgos específicos que el selector debe explicitar. El primero es la valoración: muchas empresas estadounidenses cotizadas negocian a múltiplos incompatibles con su rentabilidad actual, descontando un crecimiento aún por demostrar. La dispersión entre el 70,4x de Rocket Lab y el 2,6x de Avio señala cuánto el precio, más que el negocio, guía el rendimiento actual. Un cambio de sentimiento puede golpear duramente a los títulos más caros.
El segundo riesgo es la concentración. El sector depende en gran medida de unos pocos actores y, en el caso estadounidense, de una única figura empresarial, con implicaciones de gobernanza no despreciables. El tercero es la dependencia de los contratos gubernamentales y del marco regulatorio: gran parte de los ingresos citados, desde los satélites pLEO hasta las plataformas de análisis, se basan en presupuestos públicos sujetos a ciclos políticos y presupuestarios.
Finalmente, los ciclos de capital. Los lanzadores y constelaciones requieren inversiones significativas y tiempos largos antes de generar flujos de efectivo, mientras que la competencia geopolítica, en particular con China, añade incertidumbre sobre la trayectoria de la demanda. Son factores que premian una selección activa y penalizan la exposición indiscriminada al tema.
La economía espacial es una clase de inversión real, no una apuesta narrativa. La cotización de SpaceX ha acelerado su reconocimiento, pero el valor se distribuye a lo largo de una cadena amplia, con perfiles de riesgo y valoración muy diferentes entre Estados Unidos y Europa.
Para una cartera de inversión, la pregunta estratégica no es "comprar el espacio", sino elegir con disciplina qué parte del espacio realmente remunera el riesgo.
Disclaimer: este artículo tiene fines exclusivamente informativos y no constituye asesoramiento en materia de inversiones ni una invitación a la compra o venta de instrumentos financieros. Los rendimientos pasados no son indicativos de resultados futuros. La inversión en el sector de la economía espacial implica riesgos específicos, incluyendo alta volatilidad, valoraciones exigentes, concentración sectorial y en emisores individuales, dependencia de contratos públicos y del marco regulatorio, largos ciclos de capital e incertidumbre geopolítica. Las opiniones citadas son atribuidas a Tom O'Hara (GAM) y Rahul Bhushan (ARK Invest Europe) y reflejan su visión en la fecha de publicación, sujeta a cambios. Las referencias a títulos específicos son ilustrativas y no constituyen recomendaciones.