
21 OCT, 2024

Aunque a veces parezca que el mercado lleva cierto tiempo complaciente y que no lo altera ninguna circunstancia que suceda, solo pendiente de las decisiones de los bancos centrales a ambos lados del Atlántico, seguimos teniendo dos principales guerras abiertas y un acontecimiento relevante como son las elecciones presidenciales en Estados Unidos que, además de generar ríos de tinta, produce siempre ruido, cierta inquietud y volatilidad.
Probablemente, en pocas semanas, el primer martes después del primer domingo de noviembre, estemos ante las elecciones presidenciales en USA más reñidas de los últimos años. Aunque las encuestas dan una ligera ventaja a Kamala Harris, es cierto también que Donald Trump, en todas las anteriores elecciones, ha recibido un voto "vergonzante" que se desvela en el recuento de votos, sin haberse reflejado previamente en las encuestas.
Juramento de George Washington

El sistema electoral norteamericano es muy “sui generis”. Al no ser una república parlamentaria, la elección no se produce en el congreso. Así, el resultado no depende directamente del voto ciudadano, dado que la constitución establece un sufragio indirecto o punto intermedio entre el voto directo ciudadano y la votación en el congreso, que es el colegio electoral.
Este colegio electoral está formado por 538 electores, teniendo cada estado tantos electores como senadores y miembros de la Cámara de representantes, incluyendo los tres de Washington DC. Es este colegio electoral quien determina el candidato ganador a la presidencia y vicepresidencia.
En 48 estados y en Washington DC, el candidato que ha obtenido más votos populares recibe todos los votos electorales. Mientras que en los estados de Maine y Nebraska se asignan los votos electorales de forma proporcional a los votos populares obtenidos. Para ser ganador, el candidato necesita al menos 270 votos electorales.
Resultados de las elecciones de 2020 entre Biden y Trump

Con este sistema puede ocurrir que un candidato que haya obtenido el mayor número de votos populares no sea elegido presidente por no haber obtenido la mayoría de votos electorales. De hecho, esta circunstancia ha sucedido en cinco ocasiones: las tres primeras en el siglo XIX, en las elecciones del año 2000, entre George Bush hijo y Al Gore, y en 2016 entre Trump y Hillary Clinton.
Este sistema tan particular hace que la clave se encuentre en pocos estados en los que, si tenemos en cuenta los resultados históricos, la decisión no está clara, inclinándose unas elecciones en favor de los republicanos y otras de los demócratas. Son los denominados estados bisagra, en inglés "swing states", también llamados estados purpura por el color resultante de mezclar el rojo republicano y el azul demócrata.
Algunos de los estados que pueden ser considerados bisagra son: Arizona, Colorado, Florida, Georgia, Iowa, Míchigan, Nevada, Nuevo Hampshire, Carolina del Norte, Ohio, Pensilvania, Virginia y Wisconsin. Florida con veintinueve electores, Pensilvania con veinte y Ohio con dieciocho resultan decisivos y es donde los candidatos vuelcan su actividad de campaña, sabedores de que, por relativamente pocos votos, si ganan, se llevan todos los votos electorales del estado en cuestión.
En contraposición a los "purples states" están los "safe states" o estados seguros como es el caso de California, tradicionalmente demócrata, o Nebraska, que desde 1968 ha votado republicano.
Existe también otra particularidad del proceso electoral norteamericano y es la existencia de la posibilidad del voto anticipado, y voto en ausencia y por correo, que permite la mayoría de los estados de la unión.
Este tan particular sistema añade incertidumbre a esta próxima reñida elección y las consecuencias que la victoria de uno u otro candidato tendrá para los mercados, con Harris que plantea una línea continuista de la administración Biden y la opción siempre rupturista de Donald Trump.