
16 JUN, 2026
Por RankiaPro

Casi cuatro meses de bloqueo naval en el Estrecho de Ormuz han redibujado los mapas de riesgo global: rutas comerciales desviadas, reservas energéticas en erosión, bancos centrales obligados a hacer frente a un shock inflacionario que ningún modelo había incorporado.
El anuncio, durante el fin de semana del 14 y 15 de junio, de un memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán marca el primer cambio de rumbo concreto. La firma está prevista para el 19 de junio en Suiza: reapertura gradual del Estrecho, retirada de minas, alto el fuego extendido a todos los frentes durante 60 días, liberación de aproximadamente 24.000 millones de dólares en activos iraníes congelados.
Pero, ¿qué implica para las carteras, los bancos centrales y la asignación de activos en los próximos trimestres? Cuatro expertos analizan las consecuencias.
El precio del crudo ya se ha aproximado a los 80 dólares por barril, reflejando el optimismo de los inversores ante una normalización de los suministros. Luca Simoncelli, Investment Strategist de Invesco, subraya que la recuperación de los flujos comerciales "se suma a algunos elementos que el mercado está empezando a descontar, como la erosión más lenta de lo previsto de las reservas estratégicas y los nuevos equilibrios que se van formando entre los productores del Golfo tras la salida de los Emiratos Árabes Unidos de la OPEP."
Sin embargo, un retorno a los niveles previos al conflicto parece improbable. Lee Hardman, Senior Currency Analyst de MUFG, es explícito: "dudamos de que el precio del petróleo pueda volver a los niveles anteriores al conflicto, por debajo de los 70 dólares por barril, ya que llevará tiempo que los suministros vuelvan a pleno rendimiento, las reservas se han reducido y, en cualquier caso, se requerirá una prima de riesgo geopolítico más elevada."
Samy Chaar (Chief Economist, CIO Switzerland, Banque Lombard Odier & Cie SA) y Luca Bindelli (Head of Investment Strategy, Banque Lombard Odier & Cie SA) estiman un precio medio del Brent de 90 $/barril en los seis meses posteriores al conflicto y un objetivo a 12 meses de 78 $/barril, con una recuperación completa de las reservas que se extenderá hasta 2027.
La reapertura del Estrecho redibuja el escenario macroeconómico global. Simoncelli (Invesco) indica que "la probabilidad de una caída sustancial en el precio del petróleo aumenta y, del mismo modo, el riesgo de estanflación disminuye", abriendo la puerta a una posible recuperación cíclica. Chaar y Bindelli (Lombard Odier) mantienen sin cambios sus previsiones de crecimiento global en torno al 3% para 2026, subrayando la resiliencia de la economía estadounidense.
Por el lado de la inflación, el panorama es más complejo. Simoncelli advierte de que "la evidencia de un repunte de la tasa de inflación en los próximos meses está cada vez más confirmada" y que las expectativas a largo plazo siguen bajo vigilancia: en Estados Unidos, el dato de la Universidad de Michigan sobre las expectativas de inflación a 5-10 años ha subido al 3,9%. La desescalada atenúa el shock energético, pero no elimina el riesgo de una política monetaria más restrictiva.
El dólar estadounidense ha continuado debilitándose tras el anuncio del fin de semana, y Hardman (MUFG) ve margen para una mayor corrección de las ganancias acumuladas durante el conflicto. Entre las divisas del G10, la principal beneficiaria ha sido la corona sueca, que desde el inicio del conflicto había registrado la peor evolución. En el frente asiático, la rupia indonesia ya ha ganado casi un 1% frente al dólar a comienzos de semana.
Paulo Salazar, Head of Emerging Markets de Candriam, encuadra la debilidad del dólar como catalizador estructural: "históricamente, los períodos de debilidad del dólar han coincidido con una evolución más sólida de los títulos de renta variable de los mercados emergentes y de las divisas locales, gracias a la mejora de las condiciones de financiación externa y a la expansión de los flujos de capital fuera de Estados Unidos." Un contexto que, para Salazar, representa "uno de los entornos macroeconómicos más favorables para los mercados emergentes que hemos observado en los últimos trimestres."
El BCE ya ha realizado una primera subida de tipos de carácter preventivo, con una decisión unánime. Simoncelli (Invesco) señala que "la presidenta Lagarde ha comunicado una mayor flexibilidad en los plazos de las subidas, dejando entrever una primera pausa ya en la próxima reunión de julio." Una señal de cautela que refleja la dependencia de los datos más que un camino predefinido.
En el frente de la Fed, Hardman (MUFG) prevé que el nuevo presidente Kevin Warsh opte por "mirar más allá del shock de los precios energéticos manteniendo los tipos de interés sin cambios", escenario ahora más probable tras el acuerdo. El principal riesgo sigue siendo que Warsh señale, por el contrario, una evaluación activa de subidas: "todavía hay margen para que los rendimientos de los Treasury y el dólar se debiliten aún más si Kevin Warsh no sorprende a los mercados con un mensaje particularmente agresivo."
Lombard Odier mantiene una postura moderadamente pro-riesgo, con una rotación en curso: tecnología reducida a neutral, financieros, utilities y healthcare promovidos como sectores preferidos. En renta variable, la preferencia recae sobre los emergentes y las small caps estadounidenses, que se benefician de la resiliencia económica americana y de unas valoraciones aún contenidas respecto a los mercados desarrollados. En deuda soberana, la preferencia va hacia los títulos con vencimiento de 5-7 años en Reino Unido, eurozona, Australia y Suiza.
Salazar (Candriam) identifica una rotación también dentro de los emergentes: el sector energético podría ceder parte de las ganancias geopolíticas, mientras que materiales y metales preciosos podrían recuperar terreno a medida que la atención se desplace "del riesgo de guerra hacia la caída de los tipos, el debilitamiento del dólar y la mejora de las condiciones de liquidez." A nivel geográfico, los principales beneficiarios son los países importadores netos de petróleo: algunas áreas de Asia, Sudáfrica y América Latina, donde los bancos centrales disponen todavía de margen para proseguir los ciclos de relajación monetaria.
El acuerdo sobre Ormuz no resuelve todas las tensiones en Oriente Medio, pero elimina el principal lastre energético que pesaba sobre la economía global. El mercado ya ha descontado gran parte de las buenas noticias, como ponen de manifiesto las correcciones del petróleo y del dólar en las horas posteriores al anuncio. La verdadera prueba serán las próximas semanas: la velocidad de regreso de los buques en tránsito, la comunicación de la Fed bajo Warsh y la evolución de las negociaciones sobre el programa nuclear iraní en el plazo de 60 días.
Para las carteras, la dirección apunta hacia activos cíclicos, emergentes y bonos de calidad a duración media, con una gestión activa del riesgo de reapertura de las hostilidades.