
Actualizado:
2 OCT, 2024
Por Ana Fernández Sánchez de la Morena de AFS Finance Advisors

Asesoramiento cognitivo, finanzas conductuales, behavioral finance, psicología económica, o economía conductual son los nombres que definen la nueva forma de analizar y estudiar la economía, y el comportamiento de los diferentes agentes económicos. La teoría económica conductual complementa a la económica clásica, considerando que las emociones y la intuición tienen un papel fundamental en el comportamiento humano y, por consiguiente, en la toma de decisiones.
El fundamento de esta nueva teoría se encuentra en diferentes estudios procedentes de la psicología, la antropología, la neurociencia y la sociología. Sus conclusiones han permitido comprender el modo de funcionamiento del cerebro humano, revelando como las personas desconocen sus preferencias, como éstas varían en función de diversos factores y que no acceden a toda la información disponible relevante. Que las personas tomamos decisiones influenciadas por el contexto, por nuestras creencias y por nuestros esquemas mentales, tomando en consideración las normas sociales, patrones de cooperación y, por supuesto, las expectativas definidas.
Una primera referencia sobre el del comportamiento humano en la toma de decisiones económicas, la encontramos en el libro publicado en 1936 por John Maynard Keynes donde utilizó de forma novedosa el término “Espíritus animales” (en inglés Animal Spirits).
El enfoque de su obra se basa en cómo la economía no está gobernada sólo por actores racionales y, aunque muchas actividades económicas suelen tener motivaciones de este tipo, están gobernadas por “espíritus animales” dado que las motivaciones y estímulos que mueven a los seres humanos no tienen un comportamiento racional.
La cita original de Keynes dice lo siguiente:
Aun haciendo a un lado la inestabilidad debida a la especulación, hay otra inestabilidad que resulta de las características de la naturaleza humana: que gran parte de nuestras actividades positivas dependen más del optimismo espontáneo que de una expectativa matemática, ya sea moral, hedonista o económica. Quizá la mayor parte de nuestras decisiones de hacer algo positivo, cuyas consecuencias completas se irán presentando en muchos días por venir, sólo pueden considerarse como el resultado de los espíritus animales —de un resorte espontáneo que impulsa a la acción de preferencia a la quietud, y no como consecuencia de un promedio ponderado de los beneficios cuantitativos multiplicados por las probabilidades cuantitativas.
Reforzando la teoría de los espíritus animales, encontramos una nueva publicación en el año 2009, llamada también “Animal Spirits”, en la que George Akerlof (Premio Nobel de Economía en 2001), junto con Robert Shiller (autor de “El estallido de la burbuja y exuberancia irracional”), se unen para dar respuesta a por qué los sistemas económicos caen en depresiones, analizando la repercusión en la economía de la ilusión monetaria, la equidad y, sobre todo, la confianza y sus multiplicadores.
La importancia creciente de esta teoría se manifiesta tanto en los números estudios publicados como en la aportación desde otras disciplinas, especialmente la psicología. En este sentido, destaca Daniel Kanheman, catedrático de Psicología de la Universidad de Princeton, reconocido con en el Premio Nobel de Economía en el año 2002. De sus estudios y publicaciones, quisiera resaltar su libro “Thinking, Fast and Slow” (2011). En esta obra, Kanheman distingue dos sistemas de pensamiento:
Por tanto, en la toma de decisiones, el Sistema 1 estaría asociado a la intuición, siendo el responsable de las impresiones y juicios rápidos. Por su parte, el Sistema 2 estaría asociado al razonamiento, siendo más lento, requiriendo esfuerzo, análisis y control.
La relevancia de la economía conductual volvió a quedar patente con la concesión del Premio Nobel de Economía en el año 2017 al economista Richard H. Thaler. En sus publicaciones, este autor incide en como los sujetos no son seres plenamente racionales y, por tanto su racionalidad limitada, afectando a la toma de sus decisiones y, por tanto, al comportamiento de los mercados
Todos estos estudios, unidos a mi dilatada experiencia especializada en asesoramiento patrimonial y financiero, me ha permitido sacar algunas conclusiones, tales como que en mercados alcistas el sesgo de exceso de optimismo se manifiesta en el perfil de riesgo de la mayoría de los inversores, siendo la ambición y la confianza las emociones que comienzan a tomar protagonismo, llevando a los inversores a incrementar su perfil de riesgo. Sin embargo, en mercados bajistas y en situaciones de pérdidas patrimoniales generadas por activos financieros que el inversor no había estudiado o no conocía en profundidad, el sesgo de miedo a las pérdidas toma protagonismo, llevando a las personas a tomar decisiones precipitadas o poco analizadas que pueden ser poco acertadas para el largo plazo.
En estos momentos de incertidumbre y la situación económica a nivel mundial, las finanzas conductuales y el conocimiento sobre el comportamiento psicológico de los inversores mencionado anteriormente sirven de incalculable ayuda para tomar decisiones más racionales, evitando que las emociones gobiernen nuestros pensamientos. Cada inversor tiene un perfil único, unas circunstancias particulares, unas creencias personales y una experiencia financiera propia, manifestándose los sesgos de comportamiento psicológico de una manera diferente en cada persona.
Es importante que cada inversor pueda descubrir y profundizar en cuáles son los sesgos cognitivos que con mayor frecuencia se manifiestan en la toma de sus decisiones. Es de gran ayuda tener un asesor que le escuche y le cuestione su actitud, su pensamiento y su reacción. Esta información, junto con la cultura financiera y la capacidad de comprender las inversiones que disponga el cliente, crea un marco profesional donde el asesor tiene mayor capacidad para realizar recomendaciones de inversión coherentes con el perfil de riesgo.
En AFS Finance creemos que el asesoramiento* tiene que aportar valor, y el inversor no debe confundir rentabilidad con valor, ni valor con precio. Nuestra metodología de trabajo se basa en tres pilares:
Porque invertir no es una operación económica, es una decisión de vida.