
21 JUL, 2025

Autor: Murali Yerram, vicepresidente sénior y gestor de cartera del Franklin India Fund
La trayectoria económica de India sigue siendo un ejemplo de resiliencia, dinamismo y progreso sostenido. Incluso en medio de las incertidumbres globales y una leve desaceleración tras las elecciones, la economía india ha demostrado una notable estabilidad y una rápida capacidad de recuperación, impulsada por sólidos fundamentales macroeconómicos, medidas de política favorables y una creciente confianza de los inversores.
La situación fiscal continúa siendo gestionada con prudencia. El déficit fiscal para el ejercicio fiscal 2025 (abril 2024 – marzo 2025) se situó en el 4,8 % del PIB, y el gobierno tiene como objetivo reducirlo al 4,4% en el ejercicio 2026 (abril 2025 – marzo 2026), lo cual refleja un equilibrio cuidadoso entre disciplina fiscal y crecimiento. En el frente externo, el déficit por cuenta corriente se redujo al 0,6% del PIB en el ejercicio 2025, mejorando respecto al 0,7% del año anterior, gracias a una mejor balanza comercial y a un flujo sostenido de remesas estables procedentes del exterior.
La inflación, una de las principales preocupaciones macroeconómicas a nivel mundial, se ha mantenido bien contenida en India. La inflación del Índice de Precios al Consumidor (CPI, por sus siglas en inglés) para mayo de 2025 se situó en apenas el 2,82%, muy por debajo del objetivo del 4% fijado por el Banco de la Reserva de la India (RBI). Esta tendencia desinflacionaria no solo está respaldando los ingresos reales de los hogares, sino que también crea margen para una flexibilización monetaria, contribuyendo a reducir el coste del endeudamiento en toda la economía.
El endeudamiento de los hogares indios también es relativamente bajo, lo que refuerza aún más el entorno macroeconómico. Con una deuda de los hogares equivalente al 42% del PIB —muy por debajo del promedio de los mercados emergentes— el país conserva un amplio margen para un crecimiento del consumo impulsado por el crédito, a medida que bajan los tipos de interés y mejora la confianza de los consumidores.
Tras las elecciones generales de mayo de 2024, la economía experimentó una breve pero notable desaceleración a mitad del ciclo. Este periodo estuvo marcado por una reducción temporal del gasto público y un endurecimiento del crédito al consumidor, especialmente en las zonas urbanas. No obstante, esta fase tocó fondo en noviembre de 2024, con una fuerte recuperación impulsada por el repunte del gasto público y una flexibilización de las condiciones crediticias. En el ejercicio fiscal 2026, esta recuperación ha cobrado impulso. El gasto de capital del gobierno en los dos primeros meses del año fiscal creció un impresionante 55% interanual, reflejando una firme voluntad de impulsar el crecimiento mediante infraestructuras.
El Banco de la Reserva del país, en respuesta al entorno desinflacionario, ha sido proactivo en su flexibilización de política monetaria. Un recorte de tipos de 25 puntos básicos en febrero de 2025 fue seguido por otro en abril, y uno más contundente de 50 puntos en junio, sumando una reducción acumulada de 100 puntos básicos. Paralelamente, el banco central ha relajado las normas de concesión de préstamos para créditos no garantizados y respaldados por oro para estimular el flujo de crédito al consumo y a las pequeñas empresas. Estas medidas han contribuido a aliviar las condiciones financieras y a sostener la demanda interna.
En el plano fiscal, también se han tomado medidas para impulsar el consumo de los hogares. La reducción del impuesto sobre la renta personal, vigente desde el presente ejercicio fiscal, se espera que ponga aproximadamente 15.000 millones de dólares directamente en manos de los consumidores. Se prevé que esta medida proporcione un impulso sustancial al consumo privado, uno de los motores fundamentales del crecimiento del PIB.
Gracias a estos esfuerzos coordinados de política fiscal y monetaria, las perspectivas económicas para el ejercicio 2026 son significativamente más alentadoras. Se prevé un crecimiento del PIB en el rango del 6,5% al 7%, y este nuevo impulso ya se está traduciendo en una mejora del rendimiento empresarial. Tras un modesto crecimiento de beneficios del 7 % - 8% en el ejercicio 2025, se espera una aceleración significativa en 2026, con tasas de crecimiento de entre el 10% y el 15%. El trimestre de marzo de 2025 ya ha mostrado señales claras de esta tendencia, lo que indica que el ciclo de beneficios ha iniciado un repunte decidido.
Desde los mínimos registrados el 6 de marzo, el índice MSCI India ha repuntado un 16%, reflejando el optimismo de los inversores ante la mejora del crecimiento y la visibilidad de beneficios. Aunque las valoraciones han subido — las 100 principales empresas cotizan en torno a una desviación estándar por encima de sus niveles promedio de los últimos 10 años — el mercado sigue sustentado por unos fundamentales sólidos y un entorno de tipos de interés más favorable.
India también parece relativamente protegida frente a algunos de los riesgos globales, incluidas posibles medidas proteccionistas como nuevos aranceles de EE. UU. El país mantiene un déficit comercial moderado con EE. UU. de unos 35.000 millones de dólares, y aproximadamente el 25% de este corresponde a exportaciones de medicamentos genéricos, un segmento menos propenso a verse afectado por medidas arancelarias. Además, se espera que India cierre pronto un acuerdo comercial con EE. UU. lo que podría impulsar aún más las exportaciones y fortalecer los lazos comerciales bilaterales.
De cara al futuro, el escenario está preparado para un ciclo de crecimiento plurianual. Con estabilidad macroeconómica, sólido respaldo político, fuerte demanda interna y una rentabilidad empresarial en recuperación, India está bien posicionada para ofrecer un crecimiento sostenible de los beneficios empresariales de entre el 10% y el 15% anual, durante los próximos tres o cuatro años. Mientras la inflación se mantenga moderada y los tipos de interés sigan bajando, se espera que el entorno de inversión sea aún más favorable.
La historia de crecimiento de India ya no es solo una cuestión de potencial: ahora está respaldada por resultados, credibilidad política y solidez estructural. Con la combinación adecuada de herramientas fiscales y monetarias, y un creciente interés del inversor internacional, India sigue siendo una de las historias económicas más atractivas de la década.