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6 MAY, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

La gran transformación del patrimonio ya está en marcha. En los próximos 25 años, alrededor de 70 billones de dólares cambiarán de manos entre generaciones a nivel global, y los family offices se han convertido en la principal herramienta con la que las familias más ricas del mundo se preparan para gestionar esta transición. El sector ha registrado un crecimiento del 75% en apenas dos años, con un patrimonio agregado estimado en 518.000 millones de dólares, según el J.P. Morgan Global Family Office Report 2026 de J.P. Morgan Banca Privada, basado en 333 single family office encuestados en 30 países entre mayo y julio de 2025.
Pero crecimiento no equivale a madurez. El 86% de estas estructuras no cuenta con un plan formal de sucesión para sus responsables de decisión. El 68% carece de un consejo familiar. Se trata, por tanto, de un sector que crece con rapidez, pero que arrastra fragilidades estructurales que ninguna rentabilidad de cartera puede resolver por sí sola.
La geopolítica se ha consolidado como el principal riesgo para los family office a nivel global. Uno de cada cinco (20%) la identifica como la mayor amenaza para su cartera, muy por encima de cualquier otra categoría, según el informe de J.P. Morgan.
La inflación le sigue de cerca: casi el 60% de los participantes la incluye entre sus cinco principales riesgos. No se trata de un fenómeno coyuntural heredado del periodo pospandemia, sino de un cambio estructural. Según J.P. Morgan, hemos entrado en una era en la que la inflación será más volátil que en el pasado y más propensa a shocks al alza, lo que supone una amenaza persistente para el poder adquisitivo y la preservación del patrimonio a largo plazo.
La percepción del riesgo varía significativamente según la geografía. Los family office europeos, latinoamericanos y asiáticos consideran la geopolítica como una amenaza mucho más relevante que sus homólogos estadounidenses: el 74% la incluye entre sus principales riesgos, frente al 57% en EE. UU., donde la atención se centra más en los tipos de interés (64%) y la inflación (61%). La razón es estructural: los office internacionales están más expuestos a flujos de capital transfronterizos y a la inestabilidad política regional.
La percepción del riesgo se traduce directamente en decisiones de inversión. Aquellos que identifican la inflación como riesgo principal asignan cerca del 60% de su cartera a inversiones alternativas, unos 22 puntos porcentuales más que la media global. Además, duplican su exposición al inmobiliario (16,3% frente al 7,4%) y a hedge funds (9% frente al 4,7%).
Por su parte, quienes temen la geopolítica adoptan un enfoque defensivo distinto: duplican la asignación al oro (2% frente al 0,9%) y aumentan la renta fija en unos 5 puntos porcentuales (19,6% frente al 14,8%).
La cartera media de un family office global en 2026 está claramente orientada al riesgo. La renta variable cotizada (38,4%) y las inversiones privadas (30,8%) concentran más de dos tercios de los activos. La renta fija se sitúa en el 14,8% y la liquidez en el 7,8%. El patrimonio neto medio de los participantes en el estudio asciende a 1.600 millones de dólares, con activos bajo supervisión de 1.160 millones.
Se trata de un universo que se aproxima progresivamente al modelo de inversor institucional: horizontes de largo plazo, elevada tolerancia al riesgo y acceso privilegiado a mercados privados.
No obstante, existen diferencias regionales relevantes. Los family office estadounidenses son significativamente más agresivos: destinan un 34,3% a inversiones privadas frente al 25,6% de los internacionales, y solo un 10,7% a renta fija frente al 20,8%. Una brecha que refleja diferencias estructurales en fiscalidad, apetito por el riesgo y acceso a mercados.
El private equity es la clase de activo estrella del momento. El 37% de los family office globales prevé aumentar su asignación en los próximos 12-18 meses, el porcentaje más alto entre todas las clases de activos analizadas. Más revelador aún: hay 2,5 veces más office incrementando exposición que reduciéndola. No es un ajuste táctico, sino una tendencia estructural.
Aquellos que aspiran a rentabilidades superiores al 11% anual —aproximadamente un tercio de la muestra— asignan más del 40% a mercados privados, con especial foco en inversiones directas de control. Los fondos drawdown siguen siendo el principal vehículo de acceso, utilizados por el 67% de los family office.
Entre las clases de activos donde se espera un mayor incremento de exposición, la renta variable europea y del Reino Unido ocupa el segundo lugar, citada por el 33% de los encuestados. El interés está impulsado por sectores como defensa, energía e infraestructuras, beneficiados por el nuevo contexto geopolítico y el impulso del gasto público europeo.
En renta fija, los family office internacionales mantienen una exposición casi doble que los estadounidenses (20,8% frente a 10,7%), reflejo de una mayor aversión al riesgo y necesidades de planificación patrimonial más conservadoras.
El inmobiliario se mantiene como la tercera clase de activo con mayor previsión de aumento de exposición (30%), impulsado principalmente por los office estadounidenses (35%). Para quienes temen la inflación, no es una opción sino una necesidad: destinan un 16,3% de la cartera, frente al 7,4% de media.
En cambio, los hedge funds siguen infrautilizados: representan solo el 4,7% de asignación media global, y el 51% de los family office no tiene ninguna exposición a esta clase de activo.
En el plano temático, el 65% de los family office identifica la inteligencia artificial como prioridad de inversión, seguida de la innovación en salud (50%) y las infraestructuras (41%). Sin embargo, existe una contradicción evidente: el 57% no tiene exposición a growth equity o venture capital, precisamente donde se concentra gran parte de la innovación en IA. Un desajuste que J.P. Morgan señala como una anomalía estratégica.