
16 ENE, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

Las mujeres inversoras en España afrontan la inversión con expectativas de rentabilidad más bajas y un horizonte temporal más corto que los hombres. Es la principal conclusión del "Informe sobre el sentimiento de los inversores europeos" elaborador por Fidelity", basado en entrevistas a 1.000 personas en España. Retrata una brecha de género no solo en lo que se espera ganar, sino también en cómo se asume el riesgo y durante cuánto tiempo se mantiene la cartera.
En términos de rentabilidad prevista, las encuestadas estiman retornos del 4,2% a corto plazo (12 meses o menos) y del 5,3% a largo plazo (cinco años o más). Entre los hombres, esas expectativas suben hasta el 4,6% y el 6,1%, respectivamente. La diferencia es especialmente relevante en el largo plazo, donde la distancia supera las ocho décimas, un margen que, acumulado durante años, puede tener efectos significativos sobre el patrimonio final y la capacidad de cumplir metas financieras.
Solo el 2% de las mujeres declara una tolerancia alta, frente al 8% de los hombres. En el tramo de riesgo moderado se concentra alrededor del 60% de ambos sexos, pero el porcentaje que se define como de baja tolerancia es mayor entre ellas (39%) que entre ellos (31%). Esta mayor prudencia tiende a traducirse en carteras potencialmente menos expuestas a renta variable y, por tanto, con retornos esperados más contenidos, especialmente en periodos largos.
La brecha también se refleja en el plazo. El horizonte medio de inversión de las mujeres se sitúa en 2,6 años, frente a los 3,6 años de los hombres, casi un 30% menos. En un contexto en el que el interés compuesto es determinante, el tiempo se convierte en un factor tan importante como la selección de activos: acortar el plazo suele implicar elegir opciones más conservadoras y reducir la probabilidad de capturar tramos prolongados de crecimiento de mercado.
Pese a estas diferencias, el volumen de inversión previsto apenas cambia. Fidelity señala que ambos géneros planean invertir en torno a 11.000 euros en los próximos 12 meses: algo más de 11.300 euros en el caso de los hombres, frente a casi 11.000 en el de las mujeres. El problema, por tanto, no parece ser tanto la intención de invertir como el enfoque —expectativas, riesgo y horizonte— con el que se construye la estrategia.
Un 48% de las mujeres reconoce que le cuesta entender sus finanzas, frente al 35% de los hombres. Sin embargo, la proporción de quienes gestionan sus propias finanzas es prácticamente idéntica (77% en hombres y 76% en mujeres), lo que sugiere que la brecha no es de participación, sino de confianza y comprensión percibida.
A la hora de formarse, la mayoría recurre a asesoramiento profesional: aproximadamente un 60% en ambos grupos. No obstante, los hombres se apoyan más en la prensa económica (33%, frente al 26% de las mujeres), mientras que ellas recurren en mayor medida a familia y amigos (28%, frente al 23% masculino). Estas diferencias de fuentes pueden influir en la narrativa que acompaña a la toma de decisiones: desde el tipo de productos que se consideran hasta el modo en que se interpreta la volatilidad.
En paralelo, el estudio constata una divergencia en resultados percibidos: el 70% de los hombres afirma estar logrando sus objetivos financieros a largo plazo, frente al 64% de las mujeres. Y en materia de jubilación, un 58% de ellos considera que ahorra lo suficiente, frente al 52% de ellas. Aunque se trata de autopercepción y no de una auditoría patrimonial, el dato apunta a un terreno donde la diferencia de expectativas y riesgo podría amplificarse con el tiempo.
En un escenario marcado por incertidumbre geopolítica y vaivenes en los mercados, Fidelity insiste en la necesidad de disciplina y estrategia. Óscar Esteban, responsable de negocio en España y Portugal de la gestora, recomienda mantener las inversiones en episodios de volatilidad, evitar el intento de “adivinar” el mercado y sostener un enfoque de largo plazo. También subraya el papel de la diversificación para repartir riesgos —combinando acciones, fondos, bonos y liquidez en distintos sectores y regiones— y recuerda que las correcciones pueden abrir oportunidades para el inversor con visión contracorriente.
La fotografía final del informe deja una lectura clara: la brecha de género en inversión no se limita a cuánto se invierte, sino a cómo se invierte. Y en ese “cómo” —expectativas, horizonte y tolerancia al riesgo— se juega buena parte del resultado.