
28 ENE, 2026

Autor: Stian Melhus, gestor de carteras en DNB Asset Management
El panorama global de la seguridad está atravesando su transformación más profunda en décadas. La competencia estratégica ya no es un concepto geopolítico abstracto: cada vez influye más directamente en la política industrial, los ciclos de contratación pública y la estructura de los mercados de defensa.
En Europa, este cambio responde a una revisión estructural de las necesidades de seguridad a largo plazo, desplazando el gasto en defensa desde la discrecionalidad política de corto plazo hacia una planificación nacional y colectiva sostenida.
El renovado foco europeo en defensa obedece a una combinación de factores que van más allá de la guerra en Ucrania. La incertidumbre geopolítica más amplia —incluidas las dudas sobre el futuro papel de Estados Unidos dentro de la OTAN— ha llevado a los gobiernos europeos a reforzar sus propias capacidades y resiliencia. La creciente asertividad de China y la difusión global de tecnologías militares avanzadas refuerzan aún más la necesidad de una inversión sostenida en preparación operativa, resiliencia e infraestructura industrial.
Lo que distingue al entorno actual de ciclos anteriores es la creciente conversión de las intenciones políticas en acciones concretas. Los gobiernos no solo elevan objetivos presupuestarios o emiten declaraciones políticas: están realizando pedidos. Marcos de contratación plurianuales, alianzas a largo plazo y acuerdos vinculantes de ampliación de capacidad están otorgando a las empresas de defensa y seguridad un grado de visibilidad y estabilidad que no se veía en Europa desde hace años. Se trata de un punto de inflexión en el que el relato macroeconómico comienza a traducirse de forma clara en actividad industrial tangible.
Durante el último año, 2025 se ha consolidado como un punto de inflexión decisivo en la entrada de pedidos del sector europeo de defensa. Tras varios ejercicios en los que los anuncios presupuestarios superaban a la contratación efectiva, ahora se observa una expansión significativa de las carteras de pedidos en las compañías cotizadas del sector. Lo más relevante es que estos contratos incorporan una mayor claridad sobre los calendarios de entrega y las fuentes de financiación, elementos que el mercado no tenía hace apenas 12 o 18 meses.
El caso de inversión en defensa europea se sustenta ahora en negocio contratado, no en necesidades proyectadas. Esta distinción es clave, ya que desplaza el foco analítico desde los titulares políticos hacia la ejecución industrial.
Si 2025 ha sido el año de la aceleración de los pedidos, 2026 será el año de la materialización. El desempeño del sector dependerá cada vez más de la capacidad de las empresas para escalar la producción, convertir carteras récord en ingresos y ampliar márgenes mediante economías de escala y eficiencia operativa.
La defensa europea es hoy, al mismo tiempo, una historia tecnológica y una historia industrial. Las compañías mejor posicionadas para destacar serán aquellas que combinen capacidades diferenciadas con la habilidad de producir a gran escala.
Las fuerzas armadas europeas están modernizándose en dos frentes paralelos:
1. El dominio de la alta tecnología
La innovación se ha convertido en un elemento central para la supervivencia y la ventaja operativa. Entre las áreas clave destacan:
Estos segmentos son cada vez más críticos para habilitar operaciones multidominio, mejorar la eficacia del soldado y contrarrestar las tecnologías adversarias.
2. La columna vertebral industrial de la guerra
Pese al rápido avance de los sistemas de alta tecnología, los conflictos contemporáneos han demostrado que la guerra a gran escala sigue dependiendo de plataformas y municiones tradicionales. Europa necesita capacidad industrial para producir:
Este perfil de demanda subraya que el futuro de la guerra pasa por drones y datos, pero sigue apoyándose en tanques, aviones, artillería y municiones producidas a escala.
Aunque los grandes contratistas principales siguen siendo fundamentales para las capacidades soberanas europeas, la próxima fase de mejor comportamiento sectorial podría venir de proveedores y empresas habilitadoras. Subsistemas, electrónica, materiales compuestos, componentes de propulsión, servicios de mantenimiento, formación y especialistas en modernización están bien posicionados para beneficiarse de la profundidad y amplitud del ciclo de rearme europeo.
En 2026, la calidad de las carteras de pedidos y la capacidad de entrega serán más determinantes que los anuncios de contratación en términos de facturación potencial.
La estrategia se centra en compañías situadas en la intersección entre diferenciación tecnológica, relevancia industrial y crecimiento visible.
Entre las compañías expuestas a estas temáticas destacan:
Kongsberg es una posición de alta convicción. La separación en curso de su cartera está afinando el foco estratégico del grupo, mientras que su negocio principal de misiles y defensa aérea integrada está excepcionalmente alineado con la aceleración de la demanda europea. La visibilidad en estos segmentos sigue reforzándose.
Todas las posiciones se evalúan conforme a las directrices de inversión responsable del Grupo DNB, que integran criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). Esto incluye exclusiones, ejercicio activo de la propiedad y supervisión continua para garantizar la alineación con las normas internacionales y las buenas prácticas empresariales. Las inversiones no se basan únicamente en desarrollos geopolíticos, sino en una evaluación a largo plazo de la gobernanza, el perfil de sostenibilidad y el papel de las compañías dentro de marcos de defensa regulados y transparentes.
Las referencias a empresas concretas ilustran distintos segmentos del ecosistema de defensa y no constituyen recomendaciones de inversión.
El panorama de la defensa europea se está transformando en todos los niveles: estratégico, político, tecnológico e industrial. El gasto en defensa ha pasado de ser opcional a esencial, las carteras de pedidos han dejado de ser aspiracionales para convertirse en tangibles y la oportunidad de inversión ha evolucionado desde un enfoque basado en el relato hacia uno centrado en la ejecución.
Las compañías mejor posicionadas para liderar esta nueva etapa —ya sean grandes contratistas, proveedores clave o innovadores tecnológicos— serán aquellas que combinen capacidades, escala y fiabilidad en la entrega en un mundo que exige las tres.