
22 DIC, 2025
Por UBP

Autores: Thomas Christiansen, Head of Emerging Markets Fixed Income, y Sergio Tarazona, Investment Specialist – Emerging Market Debt, de Union Bancaire Privée (UBP)
La renta fija emergente a menudo se considera por error un activo de alto riesgo. No obstante, gracias a la mejora de sus fundamentales, a los interesantes rendimientos que ofrece y con un nivel de volatilidad comparable a la renta fija de los mercados desarrollados, hoy en día la renta fija emergente ofrece una rentabilidad ajustada al riesgo muy atractiva, y cuestiona unos estereotipos obsoletos.
Se suele partir de la premisa de que la renta fija emergente conlleva más riesgo que la renta fija de los mercados desarrollados. Sin embargo, los datos a largo plazo dibujan una realidad muy distinta. Según la investigación del mes de agosto de 2025 realizada por J.P. Morgan basada en el índice Emerging Market Bond (EMBI), en las últimas dos décadas la renta fija de los mercados emergentes, soberana o de empresas, logró una rentabilidad anualizada del 6,1 %, superior a la rentabilidad de los bonos del Tesoro americano, que fue del 2,7 % y de los bonos de empresas estadounidenses, que fue del 4,1 %.
Es más, la volatilidad de todas estas clases de activos ha sido muy similar, y ha oscilado en el intervalo del 7 % - 8 %. Así pues, la renta fija emergente ha logrado una rentabilidad ajustada al riesgo mayor, como se comprueba observando sus ratios de Sharpe, más altos. En otras palabras, el inversor en esta clase de activos ha obtenido una rentabilidad más alta con un nivel de riesgo comparable al de la renta fija de los mercados desarrollados.
Esta mejor rentabilidad ajustada al riesgo se ha visto respaldada por la mejora de la calidad crediticia de estos títulos. En los dos últimos años, las subidas de las notas en el universo de la deuda soberana emergente han sido más frecuentes que las bajadas, gracias a la adopción de políticas fiscales más saneadas, a la mejora de las balanzas con el exterior y a las recuperaciones económicas que han seguido a las reestructuraciones. Hoy en día, en lo que a mejoras de la nota crediticia se refiere son más los países que están en vigilancia positiva que los que se encuentran en vigilancia negativa, lo que contrasta con las recientes bajadas de nota que han sufrido dos importantes países desarrollados, Estados Unidos y Francia.
Históricamente, las monedas de los mercados emergentes han sido más volátiles que las monedas del G10, lo que ha reforzado la percepción de mayor riesgo. No obstante, esta percepción cada vez está más alejada de la realidad. En los últimos años, los bancos centrales de los países emergentes han actuado con decisión, adoptando políticas monetarias restrictivas en el momento oportuno y mejorando las posiciones fiscales. Gracias a ello, la volatilidad de las divisas de los países emergentes ha disminuido de forma notable. De hecho, desde principios de 2025, no solo se ha logrado mantener bajo control la volatilidad de muchas de estas monedas sino que en algunos casos ha sido inferior a la volatilidad de las monedas del G10. Esto ha supuesto un cambio notable, y cuestiona las antiguas opiniones sobre los riesgos vinculados a la inversión en moneda nacional de los países emergentes.
En la mayoría de los mercados de renta fija, la mejora de los fundamentales y de los track record suele dar pie a la bajada de los rendimientos de esta pero en los mercados emergentes se produce lo contrario, lo que crea una oportunidad excepcional para el inversor.
En el segmento high-yield, la deuda de los mercados emergentes, soberana o de empresas, ofrece en la actualidad un rendimiento promedio del 7,6% en comparación con el 6,7% de los bonos high-yield estadounidenses. En títulos investment-grade, el promedio de los mercados emergentes ronda el 5,5% mientras que los títulos investment-grade estadounidenses obtienen entre el 4,0% y el 5,0%. Cabe destacar que estos rendimientos actuales de los mercados emergentes son superiores a la media a 10 años de dicha deuda, mientras que los rendimientos actuales de los bonos high-yield estadounidenses son conformes a su tendencia a largo plazo.
Este mayor rendimiento actual no se debe a su mayor riesgo; se debe al tamaño del mercado y la calidad de los títulos. El mercado de renta fija emergente supera los 3,4 billones de USD, engloba a 140 países y es mayoritariamente un mercado investment-grade. Es más, las empresas de los mercados emergentes están menos endeudadas y su apalancamiento ronda el 1,2 mientras que en el caso de las empresas estadounidenses está muy cerca de 2,8. En otras palabras, la renta fija emergente se caracteriza por sus mejores fundamentales, menor endeudamiento y mayor remuneración, lo que constituye una combinación realmente atractiva en el entorno actual de la renta fija.
La idea de que esta deuda es más frágil es simplista y engañosa. Los datos históricos demuestran que, desde 2002, los impagos de deuda soberana high-yield en los países emergentes se han situado en un promedio del 2,5 % anual, una cifra muy inferior al promedio del 4,3 % del mercado high-yield estadounidense. Esto nos indica que, en contra de la opinión más extendida, los mercados emergentes han demostrado una mayor disciplina en la gestión de las obligaciones que impone la deuda.
Es más, la cifra promedio de las sumas recuperadas tras las quitas ha sido históricamente más elevada que en los países desarrollados, lo que indica que, tras el impago, los títulos de los países emergentes se han recuperado mejor. Las tendencias más recientes corroboran esta trayectoria favorable: en las últimas reestructuraciones, las quitas han sido menores, y en particular, no ha habido impagos de deuda soberana emergente desde 2022.
En resumen, gracias a la mejora de los fundamentales, la subida de las remuneraciones y la caída de los impagos, la renta fija emergente se ha convertido en una interesante oportunidad de inversión. Lejos de ser una clase de activos de nicho o de riesgo elevado, se merece que se la considere una clase de activos central de la asignación de las carteras de renta fija bien diversificadas. Cuestionando estereotipos obsoletos y reconociendo los cambios de los mercados emergentes, el inversor puede captar todo el potencial de esta clase de activos, dinámica y atractiva.