
20 ABR, 2026
Por RankiaPro

La incertidumbre se ha convertido en una característica definitoria de los mercados financieros actuales. Desde eventos globales inesperados hasta cambios en las condiciones económicas, los inversores están constantemente expuestos a riesgos difíciles —si no imposibles— de prever. En este entorno, el éxito depende menos de anticipar el futuro y más de mantener la disciplina, la paciencia y una gestión eficaz del riesgo.
En el siguiente artículo, Rayeiris Maduro, inversora de eToro Pro, comparte una perspectiva práctica sobre cómo navegar mercados volátiles, centrándose no en predecir eventos extremos —los llamados “cisnes negros”—, sino en prepararse para ellos mediante una estrategia sólida y una visión de largo plazo.

Los denominados “cisnes negros” o riesgos de cola son eventos impredecibles que, en los mercados bursátiles, generan temor por el fuerte impacto que pueden tener en las carteras. Se trata de sucesos raros pero con consecuencias potencialmente muy significativas, capaces de provocar pérdidas abruptas y desproporcionadas.
Un ejemplo claro fue la pandemia de COVID-19, un acontecimiento imposible de anticipar cuyo alcance y duración nadie pudo determinar con certeza. En 2020, entre el 14 de febrero y el 20 de marzo, el S&P 500 llegó a caer cerca de un 32%.
En la actualidad, teniendo en cuenta las tensiones geopolíticas y las elevadas valoraciones del mercado estadounidense —con el S&P 500 cotizando a múltiplos PER de 25–27 veces y las grandes tecnológicas en torno a 30 veces—, la volatilidad experimentada no parece excesiva. Como respuesta, algunos inversores están regresando a activos refugio como el oro, que históricamente ha preservado mejor su valor en periodos de baja confianza en el sistema.
Dicho esto, intentar predecir cuándo ocurrirán estos eventos es como tratar de adivinar cuándo lloverá en Londres: sabes que pasará, pero no exactamente cuándo. Nadie pudo anticipar la cancelación de vuelos internacionales durante la pandemia ni el colapso de las aerolíneas, por lo que vender acciones de Ryanair antes de su caída del 45% habría sido prácticamente imposible.
Sin embargo, no intentar predecir el futuro no significa que no podamos proteger nuestras carteras frente a estos riesgos. El horizonte temporal lo cambia todo: a largo plazo, los mercados han tendido a recuperarse, pero en horizontes de 2 a 5 años, otros activos como los bonos gubernamentales o los depósitos a plazo pueden ofrecer una defensa más prudente.
En mi caso, mi estrategia de gestión del riesgo se basa en lo que se conoce como margen de seguridad. Es decir, el precio que pago por una acción debe situarse por debajo de su valor intrínseco (el valor real de la empresa, no su precio de mercado), lo que proporciona protección frente a eventos adversos, incluidos errores humanos. El riesgo no desaparece, pero se reduce.
Otro enfoque consiste en evitar compañías con altos niveles de endeudamiento, ya que históricamente han sido las más afectadas durante crisis sistémicas. Por último, mantener la paciencia y la disciplina es fundamental, ya que estos momentos ponen a prueba cualquier estrategia. La clave es no vender por pánico aquello que se compró con convicción.