
24 ENE, 2024

Tom Riley, Head of Thematic Equity Strategies en AXA IM Core
La coyuntura favorable de la que disfrutó la renta variable de crecimiento durante el periodo COVID-19 de 2020 y 2021 –cuando los sectores de la robótica y la tecnología registraron un fuerte rendimiento– se interrumpió en 2022, cuando la energía y la defensa pasaron a estar en el punto de mira de los inversores debido al agitado entorno geopolítico. En esta fase de crecimiento más abundante, una amplia gama de empresas y sectores pudieron demostrar un crecimiento anormalmente elevado. Cuando los mercados se vean menos impulsados por fuerzas macroeconómicas inusuales, las empresas innovadoras destacadas con fundamentales atractivos que se encuentran dentro del universo de la robótica podrían proporcionar un crecimiento estructural a largo plazo.
En este sentido, aunque Asia sigue siendo el mayor mercado regional para la robótica industrial –China y Japón ocupan el primer y segundo puesto, respectivamente–, se prevé que otras grandes economías sigan invirtiendo fuertemente en 2024. EE.UU. es el tercer mayor mercado de robótica, y es probable que aumente tras la introducción de una importante legislación de apoyo –como la Ley de inversión en infraestructuras y empleo o la Ley sobre chips y ciencia–. La envergadura y ambición de las propuestas legislativas –y los sectores a los que se dirigen– ofrecen una imagen clara de la importancia que Estados Unidos concede a la deslocalización y al refuerzo de sus capacidades y asociaciones tecnológicas nacionales. Esta tendencia puede considerarse una respuesta a los continuos retos geopolíticos y a la volatilidad de la cadena de suministro. En conjunto, estas medidas deberían permitir a Estados Unidos reforzar su posicionamiento mundial, su cuota de mercado y su estabilidad.
Hasta ahora, sólo se ha realizado una parte del gasto previsto, y se prevé que la actividad asociada a este gasto alcance su punto álgido en 2026 y se prolongue durante el resto de la década. Aunque las leyes estadounidenses son sin duda las más destacadas, también existen políticas similares en la UE, Japón, Corea y muchas otras economías que deberían contribuir a estimular una actividad inversora similar.
El mercado de la automatización de almacenes se ha enfrentado al persistente legado de la pandemia. Durante 2020 y 2021 se aceleró el número de pedidos gracias al aumento del uso del comercio online, lo que provocó un cierto exceso de capacidad a medida que las economías mundiales se reabrían tras los cierres que causó la pandemia. Durante 2022 y 2023 hemos atravesado un periodo de digestión a medida que se absorbía ese exceso de capacidad, lo que contribuyó a ralentizar los pedidos de automatización. Sin embargo, hay indicios de que esta tendencia está tocando fondo y podría volver a crecer a partir de 2024. De hecho, la Federación Internacional de Robótica (IFR, por sus siglas en inglés) prevé que la demanda de instalaciones de robots se mantendrá incluso en una posible ralentización económica y pronostica un nuevo récord mundial de instalaciones anuales de más de 600.000 unidades. Del mismo modo, los expertos del sector prevén que la tasa de crecimiento interanual de los pedidos habrá tocado fondo hacia finales de 2023, antes de volver a repuntar en 2024 y 2025.
Los semiconductores se vieron muy afectados por la volatilidad de la cadena de suministro durante la pandemia, que repercutió tanto en las máquinas industriales como en los mercados de electrónica de consumo. Los ingresos del sector descendieron en 2023, pero se espera que se recuperen en 2024. A finales de 2023, IDC, una empresa de investigación tecnológica, actualizó sus expectativas de crecimiento del mercado de semiconductores para situarlas en torno al 20% en 2024. Tras un 2023 difícil para el crecimiento de los ingresos, esta cifra se sitúa significativamente por encima de la media y representaría un repunte cíclico significativo.
Uno de los principales factores que impulsan el aumento de las expectativas para la industria de los semiconductores es la creciente demanda de IA. A medida que crecen sus capacidades y aplicaciones, se vuelve cada vez más disruptiva, pero esta evolución requiere grandes cantidades de datos y potencia de procesamiento, que los semiconductores pueden proporcionar.
Los vehículos eléctricos se están beneficiando de la presión adicional a la que se ven sometidos los gobiernos para hacer frente a la amenaza del cambio climático y a las obligaciones de compromisos de emisiones netas cero. Aunque las tendencias de adopción varían significativamente en todo el mundo, se espera que los vehículos eléctricos superen a los motores de combustión interna; este consenso sólo difiere cuando se trata del horizonte temporal estimado.
Las barreras actuales a la adopción de los VE se basan en gran medida en el coste y la infraestructura, y ambas pueden mitigarse con importantes inversiones en capacidad. En 2023, un coche con motor de combustión interna contenía aproximadamente 750 dólares en semiconductores, frente a los 1.300 de un VE –una cifra que aumentará a finales de la década, lo que debería preparar el terreno para una mayor demanda a largo plazo por parte del sector del automóvil.
En definitiva, ahora mismo, hay muchas razones por las que somos optimistas: no solo el sector tecnológico repuntó notablemente en 2023, sino que estamos viendo una tendencia fuerte en innovación, nuevos ciclos de productos y un posible repunte cíclico del sector de la robótica en 2024.