
24 JUN, 2024

La tecnología disruptiva está cambiando fundamentalmente los sistemas industriales “antiguos”, al dar entrada a nuevos actores en el mercado y dejar fuera de juego a empresas consolidadas.
Esta innovación va más allá de la industria tecnológica propiamente dicha, afectando a casi todos los sectores y dando pie a excitantes oportunidades de crecimiento para los inversores. Al mismo tiempo, la escala y el ritmo de esta disrupción están cambiando no solo los negocios, sino también el funcionamiento de las economías y las sociedades, con lo que requieren una gestión cuidadosa.
Se prevé que el gasto global en tecnología alcanzará los 4,7 billones de dólares en 2024, un 5,3% más que el año previo1.
Gran parte de este crecimiento del gasto se está dirigiendo a la inteligencia artificial (IA) generativa y al software, pero las empresas también invierten en innovación digital y verde, áreas que van más allá de las divisiones tecnológicas tradicionales.
Aunque las actuales ganancias bursátiles parecen concentrarse en la tecnología, muchos otros sectores están adoptando de manera creciente la innovación digital, liderada por la IA. Grupos manufactureros e industriales incorporan robótica, impresión 3D, mantenimiento predictivo y optimización logística en sus procesos, además de utilizar la IA para gestionar y monitorizar mejor sus cadenas de suministro. Por su parte, el sector financiero utiliza tecnología de pagos digitales, prevención de fraude y blockchain para reforzar y optimizar sus sistemas. Asimismo, la IA influye en casi todos los aspectos del sector médico, desde el desarrollo de fármacos hasta el tratamiento de pacientes.
La tecnología también presenta oportunidades considerables en temas sociales, como un mejor acceso a telecomunicaciones y una mayor igualdad educativa, con enfoques de aprendizaje más personalizados. Por otra parte, puede incluso ayudar a propiciar las eficiencias energéticas y de recursos necesarias para abordar el cambio climático.
Los temas tecnológicos también experimentan un crecimiento significativo, sobre todo las “tecnologías facilitadoras” interrelacionadas que propician el crecimiento generalizado de la digitalización y la IA.
La computación en la nube permite el uso eficiente de recursos informáticos, reduce el coste y la complejidad de arrancar un negocio y acelera el desarrollo de nuevas aplicaciones y la proliferación de nuevos productos y servicios. Los proveedores de servicios en la nube también podrían contribuir al desarrollo de sistemas de IA más grandes y potentes, ya que muchos de estos modelos funcionan en la nube.
Entrenar y mantener en funcionamiento los modelos de lenguaje de gran tamaño en los que se basa la IA generativa ha disparado la demanda de unidades de procesamiento gráfico (GPU), un componente innovador de ingeniería de semiconductores. A largo plazo, la demanda de chips también podría verse respaldada por otros mercados finales, como la automoción (donde el contenido electrónico aumenta y las existencias siguen siendo bajas) y los centros de datos (que respaldan las iniciativas de computación en la nube y de IA).
Al mismo tiempo, las aplicaciones de internet de las cosas (IdC) abarcan la seguridad y la automatización del hogar, la monitorización de la salud y de la condición física, la automatización de fábricas, el seguimiento de activos, el transporte público, las ciudades inteligentes y la medición del consumo de agua, gas y electricidad.
Aunque la IA está obligando a los inversores a redefinir nuestra visión de la tecnología, no todos los segmentos tecnológicos florecen por igual. En general, el gasto en comercio electrónico todavía se está normalizando tras la enorme subida de la demanda durante la pandemia, y el gasto en ordenadores personales y smartphones de gama baja ha sido relativamente moderado respecto a las tendencias históricas.
Ahora que empresas de todos los sectores ven la transformación digital como un imperativo estratégico, la expectativa es que el mercado de la ciberseguridad crecerá a un ritmo significativo en los próximos años, debido a la amenaza creciente de ciberataques, violaciones de seguridad de datos y otras formas de delincuencia informática. Con el aumento esperado del coste anual de la ciberdelincuencia entre 2023 y 2028, se prevé que el gasto global en seguridad y gestión de riesgos crecerá más de un 14% este año y que alcanzará los 425.000 millones de dólares de aquí a 20302.
En un entorno de amenazas digitales cada vez más complicado, un informe de McKinsey sugiere que ahora es momento de innovar en la industria de la ciberseguridad, que deberá mejorar su tecnología de manera continua y reducir su complejidad. La consultora urge a las empresas del sector a priorizar las opciones de ciberseguridad en la nube (sobre todo para segmentos muy regulados) y a invertir más en automatización, IA e innovación en aprendizaje automático. Además, recomienda que las ofertas de seguridad informática se concentren en resultados, y no en tecnologías individuales3.
[1] https://www.forrester.com/blogs/global-tech-spend-will-grow-5-3-in-2024/.