
Actualizado:
9 JUL, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

Saber dónde invertir en el segundo semestre de 2026 se ha vuelto una tarea más compleja de lo que preveían los inversores a comienzos de año. El conflicto en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz han provocado una crisis de suministro energético que se ha propagado por las cadenas de suministro globales, presionando al alza la inflación justo cuando los bancos centrales esperaban seguir flexibilizando su política monetaria.
En Estados Unidos, el crecimiento se sostiene en gran medida sobre la inversión en inteligencia artificial, que ya representa una parte determinante de la expansión del PIB. La Reserva Federal, ahora bajo la presidencia de Kevin Warsh, afronta el dilema de equilibrar las presiones políticas con la necesidad de contener las expectativas de inflación a largo plazo. En la zona euro, el impacto de la crisis energética se suma a la guerra comercial y tecnológica, obligando a varias gestoras a revisar a la baja sus previsiones de crecimiento, mientras el Banco Central Europeo se plantea nuevas subidas de tipos para proteger su credibilidad. China, por su parte, combina estabilidad política con una economía que empieza a mostrar síntomas de "japonización", lastrada por su sector inmobiliario.
En este contexto de tipos más altos durante más tiempo, valoraciones exigentes en renta variable y una volatilidad que puede repuntar ante cualquier sorpresa geopolítica, las gestoras no comparten un único diagnóstico sobre dónde invertir en el segundo semestre de 2026: mientras algunas firmas mantienen el optimismo apoyándose en el crecimiento nominal y la temática de la IA, otras han optado por reducir el riesgo de sus carteras a la espera de mayor claridad. A continuación, repasamos las perspectivas por clase de activo.
Las opiniones se dividen entre el optimismo selectivo y la cautela. Mientras algunas gestoras siguen apostando por el crecimiento de los beneficios ligado a la inteligencia artificial —ampliando el foco desde los fabricantes de hardware hacia los hiperescaladores y los centros de datos— y ven potencial en la banca y el sector aeronáutico europeos si se calma la situación geopolítica, otras firmas prefieren sobreponderar sectores más defensivos como utilities, salud o consultoría, evitando la exposición directa a bancos, energía y compañías vinculadas a la IA.
El consenso entre las gestoras apunta a mantener duraciones reducidas ante el riesgo de que sigan subiendo los rendimientos de la deuda a largo plazo, presionados por el crecimiento resistente, la inflación persistente y el deterioro de la dinámica fiscal.
El crédito de alta calidad, especialmente del sector financiero, se mantiene como la apuesta preferida, con el carry como principal fuente de rentabilidad en un entorno de diferenciales ajustados.
La expectativa de un dólar débil durante la segunda mitad del año refuerza el atractivo de los mercados emergentes, que podrían liderar, junto a Europa, un repunte cíclico si se normalizan por completo los flujos energéticos a través del estrecho de Ormuz.
Las gestoras destacan que se trata de una de las áreas mejor posicionadas para beneficiarse de la debilidad de la divisa estadounidense.
Los activos alternativos ganan protagonismo como fuente de rentas y diversificación en un entorno de inflación estructuralmente más alta. El crédito privado —a través de préstamo directo, préstamos bancarios y CLOs con calificación AAA— y las infraestructuras centradas en eficiencia energética, digitalización y economía circular se perfilan como las áreas con mayor recorrido para los inversores que buscan descorrelación y protección frente a la inflación.
La debilidad del dólar estadounidense se mantiene como una de las convicciones más firmes entre las gestoras, que consideran que la divisa sigue sobrevalorada según las métricas habituales. Este escenario favorece a los activos denominados en otras monedas, especialmente en mercados emergentes.
El cierre del estrecho de Ormuz y los daños en las infraestructuras energéticas del Golfo han generado una grave crisis de suministro que va más allá del petróleo, afectando también al GLP, el GNL y productos refinados clave para sectores como los fertilizantes, los plásticos o los semiconductores.
La normalización del tráfico marítimo y la reconstrucción de inventarios estratégicos sugieren que los precios podrían tardar en volver a niveles previos al conflicto.
Este artículo tiene finalidad informativa y no constituye asesoramiento financiero.