
15 ENE, 2025
Por RankiaPro

Autora: Isabel Albella, directora de comunicación de Global Social Impact Investments
De sobra es conocido que la fe mueve montañas, pero también puede mover los mercados financieros y transformar radicalmente el ámbito de la inversión para dotarlo de un nuevo propósito. En un mundo cada vez más interconectado y consciente de los desafíos sociales y ambientales, la inversión de impacto ha emergido como una solución atractiva para muchos inversores. La filosofía en la que se basa -al generar retornos financieros mientras se abordan problemas globales- ha encontrado eco en aquellos que creen en la posibilidad de un capitalismo más humano. Sin embargo, para ciertas organizaciones, esta modalidad no solo tiene sentido; es, literalmente, "la horma de su zapato". Fundaciones, family offices y entidades religiosas han descubierto en la inversión de impacto una herramienta perfectamente alineada con sus misiones y valores, una vía para multiplicar sus recursos mientras buscan generar un cambio real en el mundo.
Y la buena noticia es que el ecosistema está más preparado que nunca para apoyar a estas entidades. Los fondos especializados, los asesores experimentados y los marcos regulatorios más claros están allanando el camino para que puedan maximizar su potencial. De este modo, no solo se beneficia a las organizaciones que adoptan este modelo, sino que también se sientan las bases para que más actores sigan su ejemplo.
La invitación está hecha: invertir en lo que realmente importa. Fundaciones, family offices y entidades religiosas han encontrado el camino, demostrando que es posible alinear los valores con el capital y generar un impacto significativo. Este es el futuro de la inversión, y cada vez más, está disponible para quienes deseen caminar en esa dirección.
Las fundaciones fueron creadas para cambiar el mundo. Durante mucho tiempo lo han hecho a través de donaciones y subvenciones. Este es un modelo que sigue siendo necesario, pero que enfrenta limitaciones en cuanto a su capacidad para generar una huella que perdure en el tiempo. La inversión de impacto les ofrece una alternativa para amplificar el alcance del capital que despliegan, al tiempo que asegura una rentabilidad que puede traducirse en más recursos para la misión de la fundación, cerrando un círculo virtuoso que redefine el concepto de sostenibilidad financiera.
El último informe de SpainNAB, que analiza la oferta de capital de impacto en España, destaca el creciente interés de las fundaciones por la inversión de impacto. En el último año, el número de vehículos en este segmento aumentó de 17 a 27, mientras que los activos bajo gestión, aunque aún modestos (260 millones de euros), crecieron un 10% en 2023. Las expectativas para los próximos años son prometedoras, teniendo en cuenta que cada vez son más las fundaciones que exploran esta estrategia como una forma de multiplicar su impacto y garantizar la sostenibilidad de sus proyectos.
Para los family offices, la inversión de impacto representa una oportunidad única de conectar el legado de las generaciones pasadas con las aspiraciones de las futuras. Estas entidades, encargadas de gestionar el patrimonio generacional, tienen el desafío de preservar la riqueza y, al mismo tiempo, satisfacer las expectativas de las nuevas generaciones, que están cada vez más comprometidas con la justicia social y la sostenibilidad ambiental.
Como afirma Stuart E. Lucas, “la riqueza sin valores es solo dinero”. Para los family offices, el verdadero legado no radica solo en el capital, sino en los valores que este capital representa. La inversión de impacto les permite no solo preservar la riqueza, sino también garantizar que esta se invierta de acuerdo con los principios y valores familiares. De este modo, pueden transformar el patrimonio en un motor de propósito y continuidad, haciendo que el dinero trabaje por el bien común y afrontando los desafíos globales desde una perspectiva ética.
Durante siglos, las entidades religiosas han sido defensoras de la justicia social, la dignidad humana y el cuidado del medio ambiente. La posibilidad ahora de invertir recursos en proyectos que promuevan estos valores es una extensión natural de su misión. El documento Mensuram Bonam, publicado por el Vaticano, establece directrices claras para que las instituciones religiosas gestionen sus recursos de manera que estén alineados con los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Desde financiar cooperativas agrícolas en África hasta respaldar viviendas asequibles en zonas urbanas, las oportunidades son múltiples. Estas inversiones no solo son una vía para obtener rendimientos financieros, sino también una manera de manifestar los valores espirituales en el mundo financiero, demostrando que la fe también puede ser una fuerza poderosa en los mercados.