
18 JUL, 2025
Por DPAM

Autor: Aurélien Duval, gestor de fondos en DPAM
Las empresas globales ofrecen coberturas naturales frente a las fluctuaciones de divisas. Como inversores en euros, es normal preocuparse por los tipos de cambio, especialmente cuando se invierte en activos denominados en dólares. Una de las preguntas más frecuentes es: ¿Qué ocurre si el dólar se debilita? ¿Erosionará los beneficios de las acciones estadounidenses? La respuesta es corta: no necesariamente. De hecho, la historia muestra que a menudo sucede lo contrario.
Los movimientos de divisas tienden a afectar las carteras en dos fases: en primer término, se produce un efecto inmediato: un dólar más débil implica un menor valor en euros para los activos en dólares. En segundo término, un impacto retrasado en beneficios. Las empresas estadounidenses que ganan en divisas extranjeras registran mayores beneficios en dólares, lo que lleva a revisiones al alza de sus beneficios y, potenciales a subidas en los precios de las acciones. Este desfase suele compensar a los inversores en euros con el tiempo. Muchas empresas del S&P 500 generan aproximadamente un 40% de sus ingresos fuera de EE.UU., lo que crea una cobertura natural gracias a su exposición global.
Algunos períodos históricos en los que el dólar se debilitó significativamente (>15%) y cómo respondió el mercado de renta variable:
En todos los casos, la mejora en la competitividad de precios de exportación y el aumento del valor en dólares de las ventas extranjeras impulsaron los beneficios, compensando el efecto negativo del tipo de cambio para los inversores en euros. Estos periodos muestran un patrón común: los mercados de renta variable suelen compensar la depreciación de las divisas, especialmente cuando las empresas tienen presencia global.
La misma lógica se aplica al revés. Aproximadamente el 60% de los ingresos de las empresas del STOXX 600 proviene del extranjero. Un euro más débil beneficia a los exportadores europeos al aumentar el valor en euros de las ventas extranjeras y mejorar la competitividad de los precios de exportación.
Por ejemplo, las empresas de lujo y aeroespaciales suelen obtener una gran parte de sus ingresos en dólares. Cuando el dólar está fuerte, reportan mayores ingresos. Un euro fuerte, por el contrario, puede presionar los ingresos. Pero, nuevamente, los precios de las acciones tienden a ajustarse con el tiempo.
Cuando el euro se debilita, estas empresas ven un impulso en las ganancias reportadas en euros. Por ejemplo, durante la fuerte caída del euro en 2014–2015 (~25% frente al dólar), los beneficios y los índices bursátiles europeos tuvieron un buen desempeño, ya que las ventas internacionales se volvieron más rentables en euros.
Los estudios académicos y los datos a largo plazo confirman que no existe una correlación negativa constante entre las fluctuaciones de las divisas y los retornos de la renta variable. Factores como el crecimiento de los beneficios y los ciclos económicos tienen mucho más impacto. Los efectos de las divisas tienden a compensarse con el tiempo, especialmente en carteras diversificadas a escala mundial.
De hecho, intentar cubrir la exposición a las divisas en la renta variable puede reducir la rentabilidad a largo plazo y añadir una complejidad innecesaria. Aunque las empresas tienden a cubrirse por sí solas con el tiempo, algunas se enfrentan a un riesgo real de tipo de cambio cuando los costes y los ingresos están en divisas diferentes.
La gestión activa desempeña aquí un papel crucial. Por ejemplo, las empresas de lujo suelen producir en Europa (costes en euros o francos suizos) y vender en Estados Unidos (ingresos en dólares). Un dólar más débil reduce los márgenes, a menos que suban los precios. Atlas Copco, empresa industrial sueca, se enfrenta a riesgos similares: costes en Europa, ventas importantes en EE.UU.. Cuando el dólar se debilita, los beneficios en SEK o EUR pueden caer. Hay que vigilar de cerca estos desajustes.
A principios de este año, anticipamos tanto la presión monetaria como los posibles aranceles, lo que nos ayudó a pivotar nuestra exposición en consecuencia. Esto ilustra el valor de la gestión activa: no todos los valores «globales» están igualmente protegidos
En una economía globalizada, el lugar donde cotiza una empresa dice poco sobre dónde hace negocios. Por ejemplo, MercadoLibre cotiza en el Nasdaq, pero opera completamente en América Latina, sin ingresos ni costes en dólares. Otro caso: Linde trasladó su cotización principal de Alemania a EE.UU., pero su negocio sigue siendo global. Sus fundamentales no cambiaron, aunque pueda parecer una empresa estadounidense de un día para otro.
Estos ejemplos muestran que lo que importa es la exposición económica, no el lugar de cotización. Los inversores deben centrarse en en qué monedas gana y gasta una empresa, no dónde cotiza su acción.
Las divisas pueden provocar fluctuaciones a corto plazo en los valores de las carteras, pero las rentabilidades de la renta variable a largo plazo se rigen por los fundamentales. Las empresas internacionales suelen ajustarse a los cambios de divisas con el tiempo, y sus operaciones internacionales crean coberturas naturales. La historia ha demostrado que los periodos de debilidad significativa del dólar han coincidido a menudo con una sólida rentabilidad de la renta variable estadounidense, dejando a los inversores internacionales con poco que lamentar.
El objetivo debe ser identificar dónde los desajustes de divisas perjudican a los beneficios. Cuando detectamos un desequilibrio (por ejemplo, costes en euros, ingresos en dólares), adaptar previsiones y actuar en consecuencia. Este enfoque proactivo es una de las ventajas de la gestión activa en una cartera global.
Para los inversores basados en euros, un dólar más débil rara vez es motivo para salir de la renta variable global. En muchos casos, se convierte en un viento de cola para los beneficios y las valoraciones. Con las empresas adecuadas y el análisis correcto, la renta variable sigue siendo una de las formas más resistentes de sacar el máximo partido de un mundo multidivisa.