
17 MAR, 2025
Por Buy & Hold

Ganar una vez puede ser fácil. Tanto como perder. Lo que no es tan sencillo es ganar consistentemente. Tampoco en la inversión en renta fija. Conseguir una rentabilidad sólida y sostenida en el tiempo al invertir en bonos requiere, al menos y para empezar, de dos cualidades fundamentales: convicción y prudencia. Siempre. Y más en un mercado tan incierto como el que estamos viendo en las últimas semanas.
Las turbulencias que muchos actores del mercado no recordaban, o que incluso no habían conocido, están de vuelta en la renta fija. Algunos dirán que es momento de poner las carteras patas arriba, otros quizá vuelvan a mirar hacia este activo con tantos recelos como antes de que los bancos centrales empezasen la escalada de los tipos de interés oficiales hace ahora dos años y medio. No obstante, en realidad esta es la hora de la inversión convencida en el potencial de este activo y de la inversión prudente al respetar las necesidades de cada perfil, tanto por riesgo asumible como por horizonte temporal previsto.
Es cierto que la inversión en renta fija es mucho menos volátil que en otros activos, pero los bonos tampoco están exentos de bandazos de precio en el corto plazo. Hace apenas dos semanas, el bono alemán a diez años protagonizó un retroceso como no se había visto desde la reunificación del país; es decir, desde que Alemania es Alemania. Y el terremoto tuvo réplicas en la mayor parte del mercado. Es en estos momentos en los que conviene mantener la convicción. Y no por una cuestión filosófica o de principios, sino porque la estadística demuestra que es así como se consiguen las mejores rentabilidades.
Si el panorama macroeconómico y geopolítico global cambia constantemente, como hemos podido comprobar bien y en repetidas ocasiones desde el estallido de la todavía reciente pandemia, la estrategia de inversión debe mantenerse adaptándose solo para capturar las oportunidades de inversión más claras que pueda arrojar cada circunstancia puramente coyuntural y de corto plazo. Las políticas monetarias, los ciclos económicos y los eventos políticos pueden alterar el comportamiento de los rendimientos de los bonos, pero el impacto final para el inversor se juega, sobre todo, en el convencimiento de medio y largo plazo frente a la premura de querer ganar con cada oscilación del mercado.
Esto no quiere decir empeñarse en mantener en cartera posiciones en emisores que pueden haber perdido el atractivo inicial por cambios estructurales en su sector, malas decisiones en su gobernanza financiera u operativa o que, simplemente, se han ido comportando tan bien que los rendimientos potenciales que pueden aportar son muy inferiores a los que supondría incrementar peso en otra posición ya existente o estrenar una nueva bien analizada. Cada día hay que ver la cartera como un folio en blanco, sin apegos de ningún tipo, pero sin cambiar los parámetros establecidos para rellenar ese folio a golpe del titular de las portadas del periódico.
Es aquí donde aparece la prudencia como el complemento necesario para que la convicción en la inversión dé su fruto. Dentro los riesgos mucho más medidos que ofrece la renta fija frente a otros activos, un diseño de cartera demasiado agresivo sin atender a más factores que capturar las rentabilidades más elevadas en cada movimiento del mercado suele llevar a errores de muy difícil remedio y un alto coste patrimonial en el peor de los casos y, en el mejor, a cierta decepción con los resultados obtenidos.
De este modo es como aparece la gestión verdaderamente activa de renta fija como un factor indiscutible de valor para el inversor. A través de fondos bien diseñados, con horizontes temporales y de tolerancia al riesgo bien marcados y chequeados por los supervisores, con un historial auditado que muestre la pericia del gestor ante situaciones de mercado muy dispares entre sí… En definitiva, fondos que, además de seguridad, aporten al inversor creación real de valor gracias a este tándem entre convicción y prudencia que venimos comentando y que, en ocasiones (especialmente en picos de volatilidad o incertidumbre) puede ser más fácil, efectivo y eficiente ‘delegar’ en un profesional. Dicho de otro modo, invertir en un fondo bien gestionado, que tenga verdadera independencia a la hora de construir su cartera y con unos costes competitivos.
Con toda la experiencia que aportan más de 30 años en el mercado de renta fija, no nos cabe duda de que puede ser una fuente confiable de ingresos pasivos, pero también lo es que alcanzar una rentabilidad constante requiere más que simplemente elegir los bonos adecuados. La clave está en un enfoque disciplinado que aúne la convicción de mantener una estrategia a largo plazo bien diversificada (lo que muchas veces se hace inviable de forma directa para muchos inversores debido al importe medio que se exige para comprar un único bono) y la prudencia de adaptarse a las condiciones cambiantes del mercado.
Una conocida sentencia de Warren Buffett, el padre de la inversión en valor moderna, dice así: “Hay que ser codicioso cuando los demás son miedosos y miedoso cuando los demás tienen los ojos inyectados de codicia”. Ahora que los oportunistas de este activo aparecidos en los últimos años se repliegan hacia otros activos o posiciones netamente conservadoras en renta fija, no parece mal ejercicio considerar que aquellos que nunca abandonamos la convicción en el potencial y valor de los bonos gocemos de nuevo de una posición más favorable para conseguir mejores resultados en cada perfil de inversión.
Es el momento -siempre lo ha sido- de invertir en fondos con un buen ‘track record’ como B&H Bonds, que además es nuestro fondo del mes, o el más conservador B&H Debt, con el que la gestora independiente Buy & Hold consigue batir a las letras del Tesoro invirtiendo únicamente en bonos ‘investment grade’. Las buenas oportunidades siguen ahí sin necesidad de asumir en las carteras unos riesgos descalibrados, quedarse demasiado cortos o perderse la oportunidad, bien sea por perseguir cada ‘pelotazo’ o bien por limitarse al catálogo de productos o consignas de algunos agoreros cuyas ganancias no están en las que obtenga el inversor, sino en su constante y, a menudo, precipitado cambio de cartera.